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Más de 2000 hondureño decidieron abandonar su país debido a la falta de oportunidades de empleo y a la inseguridad, 13 de octubre de 2018.
Miles pasaron la noche del viernes recostados en pedazos de cartón en aceras y áreas verdes aledañas a la estación de camiones de la terminal de San Pedro Sula, la segunda ciudad del país, ubicada a 180 kilómetros de la capital, Tegucigalpa, para salir de madrugada.
Los hondureños siguen yéndose a los Estados Unidos de manera irregular, a pesar del maltrato que reciben por parte de las autoridades de ese país.
Algunos migrantes prevén pedir asilo en México y otros seguir avanzando hasta Estados Unidos.


Según un reportaje de The Huffington Post, del 2017, los centroamericanos huyen de su tierra para escapar de la violencia, porque ya la conocen -mafias, pandillas, ataques sexuales, maltrato machista, secuestros- y no quieren más o porque saben que con una vez tan solo que la sufran puede ser suficiente para perder la vida, de tan extrema. Su hogar estaba en el llamado Triángulo Norte de Centroamérica, compuesto por El Salvador, Guatemala y Honduras, a los que eventualmente se añade Nicaragua. De allí parten los migrantes que, según denuncia Médicos Sin Fronteras (MSF), se ven luego atrapados en México, de camino a EEUU, “doblemente victimizados”: por escapar de casa y por sufrir luego la persecución policial, la desatención más básica y la falta de protección. Son casi 500.000 personas las que cada año cruzan la frontera sur mexicana.

Un informe hecho públicopor MSF, sostiene que estas personas, que carecen de acceso a atención médica durante su tránsito, se ven forzadas a bregar con más violencia durante la ruta migratoria y a padecer unas agresivas políticas de deportación que ignoran sus necesidades de asistencia y protección. “La implacable violencia y el sufrimiento emocional padecido por estas personas es similar a lo que experimentan las poblaciones que se encuentran en zonas de conflicto donde hemos estado trabajando durante décadas”, relata Bertrand Rossier, coordinador general de MSF en México. “Asesinatos, secuestros, amenazas, reclutamiento por actores armados no estatales, extorsiones, violencia sexual y desaparición forzada son realidades propias de una guerra, pero también son situaciones que estas personas procedentes de región de Centroamérica están sufriendo”, añade.

Forzados a huir del Triángulo Norte de Centroamérica: una crisis humanitaria olvidada es un informe que recopila datos médicos, información procedente de encuestas a pacientes y testimonios recogidos por los equipos de MSF durante los dos años que lleva ofreciendo atención médica directa en esta zona. El estudio ilustra los niveles extremos de violencia que afectan a las personas que huyen de esta región centroamericana y la necesidad de proporcionar mayor protección para migrantes y refugiados.

De las 467 personas entrevistadas por MSF, un 39,2% mencionó ataques directos o amenazas (a ellos o a sus familias), así como episodios de extorsión y reclutamiento forzado por bandas criminales como las principales razones para abandonar su país. Además, otro 68,3% aseguró haber sufrido violencia durante el tránsito hacia Estados Unidos. En total, nueve de cada 10 migrantes y refugiados atendidos por los equipos de salud mental de MSF en 2015 y 2016 sufrieron algún episodio de violencia en sus países o durante la ruta hasta México y hacia EEUU.
El informe de MSF muestra también que el acceso a atención sanitaria, al tratamiento de la violencia sexual y a servicios de salud mental durante el camino es limitado e incluso inexistente durante la ruta.

EL HORROR

“Es la cuarta vez que trato de cruzar México, pero esto no había pasado antes”, asegura una mujer de 35 años procedente de Honduras, citada en el informe. “Esta vez vine con mi vecino y fuimos capturados por un grupo de delincuentes. Lo peor es que ellos también eran de Honduras. La Policía Federal era su cómplice y nos entregaron a los miembros de esta banda. A mí me violaron. Me pusieron un cuchillo en el cuello, así que no me resistí. Estoy avergonzada de decir esto, pero hubiera sido mejor que me hubieran matado”, relata. El suyo es apenas uno de los casos que ilustran el dossier, que constata la dureza de la ruta, quizá menos conocida que la de los refugiados que van a Europa, por ejemplo, desde Siria o desde Irak.
A pesar de tener que padecer algunas de las peores formas de violencia que hay en el mundo actualmente, los migrantes y refugiados de la región del Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA) siguen siendo tratados, en su mayoría, como migrantes económicos por países de refugio como México o Estados Unidos. Las personas obligadas a huir del TNCA no tienen apenas acceso al estatuto de asilo en estos países a pesar de sus necesidades y de la existencia de un marco legal para ello.
“Ciertamente hay personas que salen de estos países en busca de oportunidades económicas, pero la fotografía que emerge de nuestro informe es aterradora: personas vulnerables luchando por su vida y la de sus familias”, expone Bertrand Roissier. “Los intentos de detener la migración reforzando las fronteras nacionales e incrementando las detenciones y las deportaciones –como hemos visto en México y en Estados Unidos–, ignoran una crisis humanitaria real y no frenan el contrabando y el tráfico. Estas estrategias tienen unas consecuencias terribles en la vida y la salud de las personas en tránsito”, añade el coordinador general de MSF en México.


 
 
F/Hispantv y Huffington Post
F/AFP y Otros