¡ESTOY QUE EXPLOTO

#DéjameContarte

que esta frase se ha hecho muy popular, unos la conjugan en tiempo futuro, algunos en pasado y otros simplemente explotan emocionalmente ¡y ya! El punto es que todo tiene una razón de ser de causa y efecto. Mucho de lo que sucede en nuestro entorno es la consecuencia de emociones, actitudes mal canalizadas o desatendidas en el momento correcto y que posteriormente se manifiestan ante cualquier factor detonante, generando a su vez una influencia en el contexto y una reacción de "explosiones en cadena" que pueden afectar la salud mental de una sociedad entera.

Reflexionemos un poco al respecto.

Si usted ve a la gente en la calle que ante la medida preventiva del debido uso de la mascarilla o tapabocas la lleva colgando en una oreja, con la nariz afuera, sobre la cabeza, en el cuello; es probable que se encuentre ante el niño, niña o adolescente que indisciplinadamente usaba el uniforme escolar desatendiendo cualquier llamado de atención al respecto.

Si usted observa a "los mal llamados vivos" adelantándose irrespetuosamente en la cola, que se quedan con el vuelto que recibe demás, que hace trampas para salir ganando siempre; tal vez esté repitiendo un patrón de conducta por los malos ejemplos recibidos durante su formación.

Cuando usted observa a esas personas gritar, insultar, discutir por todo, que viven enguerrillados contra la vida, quejándose, maldiciendo, casi a punto de una "pataleta", tal vez esté ante la niña o el niño malcriado a quien no le enseñaron a canalizar la ira.

Si se consigue con gente que ofrece y no cumple, que no le importa mentir para alcanzar sus propósitos o intereses, es probable que esté ante alguien a quien nunca le enseñaron el "valor de la verdad".

Si observa personas que no respetan el orden organizacional del lugar donde laboran, no siguen instrucciones, irrespetan a sus superiores, ni acatan orden de jerarquía, estamos ante alguien que no aprendió los valores de la sujeción ni la autoridad tal vez en el hogar o la escuela.

Si conoce personas de cualquier profesión, ocupación o nivel social que practican la usura, la especulación, el robo, el soborno o el "chantaje económico" para obtener ganancias fáciles justificándose con que: "la cosa está difícil" "aquí todo el mundo hace eso" "hay que ser vivo" o "lo que gano no me alcanza"; tal vez esté ante alguien que proviene de un hogar disfuncional donde nunca aprendió el valor del respeto al derecho ajeno, el esfuerzo propio y el trabajo honrado.

Los ejemplos que la cotidianidad nos brinda son incontables; ante todo esto, lo relevante es detenerse en el "autoanálisis" la "autoevaluación" y preguntarse: ¿cuál es mi aporte para que esta situación sea diferente? ¿qué ejemplo estoy dando? ¿Cómo hago para superar las dificultades tolerando y respetando a los demás en la misma medida que deseo ser tratado? ¿Si me hago partícipe de estas tendencias, qué ejemplo estoy dando a mis hijos e hijas? ¿Acaso formar parte de la cadena de explosiones emocionales es la solución para sanar mi mente sin enfermar a otros?

Ante los complejos dilemas que día a día se deben confrontar, sumado a los vicios, las injusticias, desigualdades y abusos es necesario recordar que el sabio ve el mal y se aparta; es mejor romper el ciclo de disfuncionalidad emocional que nos invita al caos social de hacernos daño los unos a los otros, decidir siempre hacer lo correcto y evitar hacerse cómplice.

Recuerda, la buena educación se recibe y se brinda en el hogar, de nuestro ejemplo depende la salud emocional y mental de la próxima generación o una explosión que acabe con todo, hasta con nosotros mismos.

Deisy Viana