#DéjameContarte: Que se habla de "violencia de género" y las posiciones de terceros en su mayoría son: "las peleas entre marido y mujer siempre han existido", "es normal y nadie se debe meter", "eso no es mi problema", "¿para qué denuncia si lo más seguro es que se reconcilien?", "si le pegó, por algo sería", "es mejor que piense en sus hijos y aguante"... La lista de criterios errados que afianzan y normalizan la violencia de género es infinita,; allí radica lo grave de este tema tan polémico y complejo que como toda conducta humana ha ido evolucionando en el transcurrir del tiempo, producto de la influencia de múltiples factores como lo son los contenidos en ciertas producciones cinematográficas y de televisión, el consumismo, los avances tecnológicos y comunicacionales, el uso de sustancias adictivas, el acceso a armas blancas o de fuego de manera lícita o ilícita, los convencionalismos sociales, religiosos y culturales, entre otros.

Aunado a todo esto, desde que inició el confinamieto mundial por causa de la pandemia, el iceberg de la violencia en los hogares se dejó ver en todas sus manifestaciones, se activaron los sistemas de alarmas para las personas, instituciones y organizaciones que de una u otra forma venimos alertando sobre los perjuicios que generan en todos los ámbitos tal situación; la cual se proyectaba como una espiral en crecimiento expansivo e indetenible, partiendo desde el incremento de conflictos en las parejas. 

Un caldo de cultivo con todos los ingredientes para materializar literalmente la sentencia nupcial: ¡hasta que la muerte los separe!. No hace falta poseer amplios conocimientos en el análisis de datos estadísticos para darse cuenta que los femicidios por armas blancas y armas de fuego han ido en incremento, que la violencia de género nada tiene que ver con colores partidistas, consignas, credos religiosos, nivel profesional, posiciones económicas o la celebración de una efeméride más. Simplemente está presente, sublime, desapercibida en el día a día, pero latente, como el tic tac de una bomba de tiempo a punto de estallar. 

Lo más triste de todo, es que muchas mujeres creen que sus parejas las aman porque las celan, le prohiben, no respetan su privacidad; otras, sufren calladas porque ya el miedo se apoderó de su dignidad e independencia como ser humano, y a otro grupo simplemente no les importa porque creen que ellas son inmunes y nunca transitarán ese camino, en otras palabras, "puñalada en cuerpo ajeno no duele".

Hombres que aprendieron a ver a la mujer como un objeto, una posesión, un artículo que les pertenece, estableciendo una relación narcisista, pero el mayor de los colmos es que esas conductas son mayormente aprobadas por las madres desde la niñez como una actitud natural del "macho", entonces estamos ante un problema cultural. 

Un femicida no es un asesino común que no tiene ningún problema con asesinar a cualquier persona. Es alguien que mata porque no soporta que la otra persona viva, pero luego, tampoco soporta estar vivo sin su víctima y además portar ante la sociedad la figura del "femicida", los recuerdos de su víctima, ni dar lugar a la culpa porque simplemente, cuando se materializa el femicidio, no hay arrepentimiento,  ya se había premeditado en la mente, se anunció mediante  amenazas, acoso,  golpes físicos, psicológicos y emocionales.

Por lo tanto, si un hombre le ofrece a su pareja la muerte en una conversación, de manera sarcástica, de chiste o en medio de una discusión, ¡cuidado! Las palabras son fruto del pensamiento, de ideas, concepciones definidas y premeditadas. Escrito está: "Los esposos deben amar a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y dio su vida por ella..." en ningún lugar dice: ¡hasta que la muerte los separe!