¿DECIDIR o Morderse la Lengua?

Por: Deisy Viana

#DéjameContarte que en estos últimos días una de las palabras repetida con mayor frecuencia a través de la mayoría de medios de comunicación forma parte del vocablo "decisión", término procedente del latín decisivo que significa:"opción escogida, ante todas las posibilidades". Sus componentes léxicos son: el prefijo "de" que significa dirección de arriba abajo, alejamiento, privación, caedere, cortar, talar o matar; más el sufijo "-ción" que implica acción y efecto.

Tomar una decisión o determinación de algo también puede significar "resolver"; sin embargo, el término decisión va más allá de su origen etimológico o significado, pues lleva implícito la combinación de situaciones y conductas que pudieran ser influenciadas por las emociones, el contexto o la cotidianidad, pero siempre conlleva una acción esencial que pudiera describirse como alternativa, consecuencia o suceso incierto.

Aunque los especialistas aseguran que la toma de decisiones es una de las tareas más difíciles y estresantes que tiene que realizar el ser humano y que si no se realiza de forma adecuada, puede ser causa de problemas psicológicos, la realidad es que la vida entera de toda persona está inmersa en un mar de decisiones a las cuales se les atribuyen calificativos tales como buenas o malas, correctas o incorrectas. Otras personas a su vez, movidas por la costumbre, el temor a lo desconocido, la desmotivación, u otra causa, optan por "no decidir", o sea, paradójicamente deciden no decidir.

Las personas que deciden con conciencia, se pasean por un proceso de análisis introspectivo y reflexivo a fin de procurar evitar errores, minimizar riesgos y corregir, comprendiendo que deben asumir las consecuencias de sus acciones; pero las personas indecisas, de doble ánimo o las que viven por inercia dejando a la suerte su porvenir, generalmente son las que expresan sus preocupaciones mediante quejas, críticas, juicios despectivos o acusadores; permanecen inmersos en una ansiedad tóxica que termina empeorando la situación.

Otros, acuden a su memoria de corto plazo y se atreven a decidir dejándose llevar por la incertidumbre de su panorama actual o por el emocionalismo; olvidando los precedentes reales, los verdaderos actores responsables, su inacción pasada, los juicios de valor, las manipulaciones mediáticas, entre otros. Hay además, quienes delegan su posibilidad de decidir, para que se equivoquen los demás, de esa forma tendrán argumentos para continuar justificando sus lamentos, quejas, pesimismo y toda la toxicidad que pudiera salir de sus bocas.

Entonces, para decidir con conciencia se debe enfrentar el miedo a fallar, evitar apoyarse en la inútil "lógica manipulada" producto de los intereses de terceros y asumir responsabilidades midiendo las consecuencias de los actos. Decidir con conciencia es un asunto de actitud y la actitud tomada ante cualquier circunstancia también es una decisión. 

¿Que viviremos situaciones difíciles? Sí. ¿Que no hemos salido de una adversidad para enfrentar otra? ¡Pues sí! Lo que vale aquí es la actitud ante el dilema a la hora de enfrentarlo. ¿De qué sirve transformarse en profetas del desastre, dispersar maldiciones y declarar que "viene lo peor"? Surge la pregunta: ¿hay algo peor que esa gente intoxicada por las consecuencias de sus indecisiones o malas decisiones? ¿su carencia de conciencia aporta algo positivo o empeora la situación?

Lo que el mundo debe saber es que todos y todas tenemos las mismas oportunidades para decidir, y ante esta circunstancia debemos ser luz, verdad, honradez, impecables, conscientes, responsables e íntegros; pero si la decisión es "no decidir" entonces a morderse la lengua que siendo parte del problema, buscando culpables, a fuerza de quejas, críticas y maldicencias, no se progresa en ningún área de la vida.

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