Sangre que no cotiza votos |
Por: Oscar González Ortiz
Si en las personas con poder de decisión recorriera por sus venas la misma sangre que se halla en algunos seres humanos en condiciones especiales, posiblemente existiría mayor atención sobre ellos. En el estado Guárico, muchos nombres emergen en la atención pública como potenciales aspirantes candidatos a cargos de elección popular, mientras necesidades reales de ciudadanos permanecen relegadas al interior de los hogares.
Como estoy en el grupo de personas perezosas….que se miran fijamente, después de ser tutor institucional de varios pasantes de una universidad de este estado, expreso algunos aspectos que requieren propuestas que impulsen sensibilización, formación y actualización para visibilizar a seres que pareciesen vivir al margen del sistema.
En estos escenarios de discursos vibrantes, abundantes rostros proclamando expectativas, promesas y aspiraciones a cargos de elección popular, para el murmullo electoral que inunda calles, redes sociales y medios guariqueños, en el territorio tenemos la existencia de personas que no cotizan votos y viven en condiciones de vulnerabilidad.
Espectacular sería unir esfuerzos para actualizar registros de la población con condiciones especiales, además de que aumentemos ciclos formativos y espacios terapéuticos para tratar el síndrome del cuidador, desgaste físico y emocional que consume a familias sin recibir reconocimiento institucional.
Entre las articulaciones que pueden orientarse están: El SAIME podría implementar equipos móviles para acceder periódicamente a esos domicilios, a fin de tramitarles documento de identidad. De igual manera, que el 911 entre sus facultades prepare una línea especializada que brinde apoyo efectivo en traslados y movilizaciones hacia consultas determinadas, aliviando así la odisea cotidiana del transporte público.
En estos escenarios, encontrarán casos crónicos que requieren medicamentos programados para controlar convulsiones; su ausencia prolonga sufrimientos. Algunos de estos seres humanos únicamente conocen el espacio reducido de cuatro paredes, confinamiento involuntario que los aísla del contacto social sumándolos a burbujas de olvido.
Determinemos cómo podemos acompañar a quienes viven esas batallas cotidianas, fortalezcamos la cercanía y apoyo mutuo. Como expresé inicialmente, si en quien tiene la acción decisiva habitara un familiar con estas situaciones, la gestión pública adquiriría otra sensibilidad y ritmo.
Frente a esa posibilidad, muchos optamos por la analogía del avestruz, enterrando la cabeza en el hueco para permanecer ciegos, sordos, mudos, con la mirada en otra dirección, cristalizando la frase vacía de compromiso: “ellos no dan votos, no es mi problema”. Despertemos conciencias y marquemos rutas de acción.
