Resonancia social en los pasillos de la salud |
Por: Oscar González Ortiz
Recorrer los pasillos de un Centro asistencial transforma por completo la perspectiva sobre la realidad social cotidiana. Llevar medicamentos y pañales a dos pacientes que contactaron a Funicitec2.25 mediante las plataformas digitales fue detonante de una travesía. Durante el desplazamiento por aquellas instalaciones, la sensación resultaba abrumadora, semejante al esfuerzo titánico expresado en una melodía de atravesar las cataratas pedaleando en una bicicleta.
A medida que ascendíamos por las escaleras, el aire transmitía el resonar incesante del clamor popular. Fragmentos de conversaciones revelaban la encrucijada financiera de familias frente a la adversidad. Comentarios sobre el costo inalcanzable de una tomografía, la búsqueda de auxilio familiar para costear un urocultivo o el desconcierto ante la escasez para costear un tratamiento médico marcaban la tónica del camino. El costo de la salud se convierte en desafío colectivo que pone a prueba la resiliencia ciudadana.
Susurros de angustia. “Le mandaron una tomografía, ¿de dónde sacaremos para pagarla?”, pregunta una voz. “Me mandaron un urocultivo, le pediremos a la familia”, responde otra. “El tratamiento no lo hay, ¿cómo vamos a hacer para comprarlo?”.
Transitando las instalaciones del Centro asistencial, para entregar pañales al familiar cuya madre enfrenta veintiocho días continuos de hospitalización en la Unidad de Cuidados representó un momento de profunda emotividad. Las pruebas de la vida adquieren dimensiones gigantescas cuando los recursos económicos escasean.
Recordaba los pasos previos por la farmacia para adquirir las ampollas que requería el segundo paciente, éstos evidenciaban la encrucijada diagnóstica: siete días de tratamiento con tres inyecciones diarias representa un obstáculo financiero monumental. Sin la administración exacta de los fármacos, la recuperación biológica resultará imprevisible, elevando la angustia del enfermo y familia a niveles críticos.
El diseño arquitectónico del lugar también presenta complejas paradojas. Al alcanzar el segundo piso, la existencia de tres habitaciones identificadas con el mismo número 2, debido a la convergencia de distintas especialidades médicas, convirtió la búsqueda del paciente en un laberinto. Fue preciso consultar a múltiples transeúntes antes de ubicar al destinatario correcto del aporte sanitario.
El flujo ininterrumpido de ciudadanos por las escaleras y corredores evoca la dinámica febril de un Centro Comercial. Esta densidad poblacional refleja las necesidades acumuladas de seres humanos que buscan respuestas inmediatas a sus dolencias. Tras ubicar finalmente a la persona indicada y concretar la entrega, surgió un deseo instintivo de abandonar rápidamente aquel recinto, impulsado por el peso emocional concentrado en cada pasillo.
Reflexionar sobre este recorrido permite dimensionar la magnitud del compromiso mostrado diariamente por el personal médico, de enfermería y técnico. La labor de estos profesionales constituye una trinchera de resistencia permanente. Imaginar el desempeño de tales instituciones en escenarios de confrontación directa o combate bélico evidencia la vocación patriótica de quienes sostienen el sistema sanitario nacional, con creatividad, ingenio y convicción.
La organización popular articulada mediante redes de solidaridad puede representar una vía transformadora para la atención comunitaria. El ejercicio de la gestión pública debe orientarse al fortalecimiento estructural de las áreas de atención primaria, garantizando la soberanía farmacéutica y democratización del acceso a los diagnósticos especializados.
La verdadera política germina en el entendimiento mutuo, en el acompañamiento directo a las familias y en el reconocimiento del valor humano de quienes custodian la vida en medio de la adversidad. El compromiso colectivo radica en transformar la angustia de los pasillos en soluciones tangibles para el bienestar de las personas.
