Cerca de las 10:00 de la mañana de este miércoles, funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), grupo élite de la Policía Nacional Bolivariana, después de un largo trabajo de investigación de campo, de análisis de llamadas telefónicas y labores de las redes de inteligencia vecinal, ubicaron la guarida de unos delincuentes, vinculados en una serie de delitos y homicidios, publica El Siglo.

Al aproximarse a uno de los apartamentos, ubicados entre las torres 52 y 53 en la urbanización Arsenal, en Maracay, los oficiales fueron sorprendidos por disparos y en medio de la situación de violencia, se derivó posteriormente en un enfrentamiento.

En el fuego cruzado, dos de los individuos resultaron heridos e inmediatamente trasladados a un centro asistencial, donde fueron ingresados sin signos vitales. Se conoció que uno de ellos era conocido como “El Papo“, identificado como Alexander Bravo Cuadros, de 18 años de edad, y del segundo se desconoce detalles de identidad o remoquete.


Los sabuesos de las FAES recuperaron dos armas de fuego, tipo revólver y otros elementos de interés criminalístico. Al urbanismo acudieron comisiones de la Base de Homicidios de Maracay, iniciando las averiguaciones de rigor y colectando elementos que aclararon el panorama de los hechos.

Del centro asistencial, los investigadores de la policía científica trasladaron los cadáveres a la Morgue de Caña de Azúcar para la autopsia de ley e identificarlos a través de la declaración de los familiares o las pruebas dactilares.

Viajó a Arequipa, Perú

Ante la situación país, Alexander Bravo Cuadros, de 18 años, alias “El Papo”, junto a José Salcedo Pérez (19), viajó a Perú a labrarse un mejor futuro.

Los amigos se marcharon de Venezuela por tierra, y al llegar a Lima, la capital de Perú, se quedaron unos días. En su corta estadía los sujetos no tuvieron suerte de ubicarse rápidamente en un puesto de trabajo, donde pudieran ganarse un quince y un último para sobrevivir fuera de nuestro territorio.

Posteriormente ubicaron a un ciudadano vinculado a la industria pesquera de ese país, y en un gesto de humanidad y colaboración con los venezolanos, Javier Navarro de la Fuente, les ofreció trabajo en una finca ubicada en la provincia de Arequipa.

Salcedo y Bravo se trasladaron a la municipalidad de Caravalí, donde cumplían funciones de obrero del campo. Allí permanecieron tres meses e incluso los jóvenes se ganaron la confianza de Navarro y su esposa Susana Méndez de Navarro. Les ofrecieron la oportunidad de alojarse en la hacienda como una manera de ahorrar dinero en el pago de una habitación.

Mientras mantuvieron ese afecto, “El Papo” y su amigo planificaron matar a sus patronos con la intención de arrebatarles parte de su fortuna.

Víctimas desmembradas

En un descuido, los delincuentes interceptaron a la pareja de empresarios pesqueros en una hora imprecisa. La señora fue amarrada con una cinta en los pies e incluso le cubrieron parte del rostro, mientras que a su esposo le mutilaron los dedos de los pies. Las víctimas fueron torturadas.

No conformes con esa acción criminal, los antisociales procedieron a quemar a sus víctimas y enterrarlos. Ante la misteriosa desaparición, los familiares de los pesqueros y los habitantes de la provincia, consignaron una denuncia ante las instancias correspondientes del departamento de Arequipa.

Tras las investigaciones ordenadas por el cuerpo judicial, los funcionarios localizaron los cadáveres en avanzado estado de descomposición e incluso sospecharon desde un mismo momento, quienes eran los homicidas.

Con el pasar de los días los venezolanos regresaron a Venezuela tras verse con el agua al cuello, cuya intención era la de evadir la justicia en Perú y llegaron a Maracay con su cara bien lavada.


Generó reacción de xenofobia

Luego de conocerse el vil asesinato, el pueblo inició una serie de protestas de calle e incluso pedían a los venezolanos que se marcharan de Caravelí. “Se sembró una campaña de xenofobia contra los nacionales“.

Incluso el alcalde de la localidad, Arturo Montesinos Neyra, en una alocución dirigida a cientos de ciudadanos caravalíes, expresó conceptos de xenofobia, exigiendo además que las personas abandonaran el pueblo lo más pronto posible y atribuyó el aumento de la delincuencia debido a la presencia de venezolanos que se marcharon del país en búsqueda de un mejor destino.

La estadía de ciudadanos de este hermoso país complicó su permanencia debido a la irresponsabilidad de unos delincuentes.

Somos un país de hermandad

Las expresiones del alcalde cayeron muy mal en Venezuela. A través de la historia, hemos sido muy receptivos con todas las personas del mundo, incluyendo a los peruanos, y les hemos abierto los brazos y las puertas de nuestros hogares, incluso trabajo y estadía. Aquí se instalaron e hicieron su fortuna.

Muchos de esos hermanos del mundo, una minoría muy mínima, también han cometido crímenes espantosos en Venezuela, recibieron en su momento oportuno sus respectivos castigos como lo ordena la legislación nacional, y no podemos calificarlos a todos por igual.

En la Viña del Señor, según lo dice la Biblia, hay buenos y malos, así como ocurre en Venezuela.

En la actual coyuntura venezolana, muchos ciudadanos de este país, hermoso por excelencia, han emigrado a otros mundos buscando una oportunidad y una mínima parte de ello ha incurrido en errores garrafales como las que cometieron Salcedo y “El Papo”.

Si los autores materiales de ese horrendo crimen cometido contra los empresarios pesqueros pensaron que la justicia venezolana los perdonaría, pues se equivocaron. Luego de tenerse información confidencial sobre su guarida, las comisiones de las FAES se trasladaron a ese sitio con la intención de darles captura, se dijo a los reporteros.

Y este miércoles, “El Papo”, principal indiciado, cayó muerto en un presunto enfrentamiento, según la información revelada a los periodistas de elsiglo.

Buscan a Salcedo

La investigación no terminó aquí, sino que el Gobierno nacional, a través de sus órganos auxiliares y el Ministerio Público, anda tras la pista de José Salcedo Pérez, de detenerlo y entregarlo a la justicia peruana para que rinda cuentas sobre sus actuaciones criminales.

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