Lcdo.- Héctor Rafael López 
 CNP 21512 


Cada día se hacen más comunes y de uso cotidiano las palabras “Refugiado” y “Migrante”
Claro, y es que con el desplazamiento forzado  de más de sesenta  y ocho coma cinco (68,5) millones de personas  a nivel mundial tanto por tierra como por  embarcaciones por el Mediterráneo y con la cobertura que hacen casi a diario  los medios informativos, televisados e impresos así como los diferentes portales web, es comprensible que estos términos lleguen a confundirse o a ser intercambiados en el discurso mediático y público. Sin embargo hay una diferencia entre ellos. Y esa diferencia es muy importante, ya que confundirlos conlleva problemas entre ambas poblaciones

 Por ejemplo: El refugiado es aquella persona que huye de conflictos armados o persecución. Para finales del 2018, había 25,4 millones en el mundo. A menudo, su situación es tan peligrosa e intolerable, que cruzan fronteras nacionales para buscar seguridad en países cercanos, y así, ser reconocidos internacionalmente como “refugiados”, con asistencia de los estados, el ACNUR y otras organizaciones. 

Ellos son reconocidos precisamente porque es demasiado peligroso para ellos el regresar a casa, y necesitan asilo en otros lugares. Estas son personas, a quienes negarles el asilo, puede traerles consecuencias mortales

La Convención de las naciones unidas sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967, así como otros instrumentos legales, definen quién es un refugiado y establece los derechos básicos que los estados deben brindar a los refugiados. En base a estos criterios pudiera decirse que Venezuela no tiene ciudadanos en el exterior que encajen en el concepto de un “refugiado”

Por otro lado;  los migrantes son personas que eligen trasladarse,  no a causa de una amenaza directa de persecución o muerte, sino principalmente para mejorar sus vidas al encontrar trabajo o por educación, reunificación familiar, o por otras razones. A diferencia de los refugiados, quienes no pueden volver a su país de forma segura, los migrantes continúan recibiendo la protección de su gobierno.

Para los gobiernos esta distinción es importante. Los países tratan a los migrantes de conformidad con su propia legislación y procedimientos en materia de inmigración. En el caso de los refugiados, los países los tratan aplicando normas sobre el asilo y la protección de los refugiados, que están definidas tanto en su legislación nacional, como en el derecho internacional.
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El ACNUR ayuda a los países a enfrentar sus responsabilidades de asilo y protección.
La política tiene una forma de intervenir en estos debates. Confundir refugiados y migrantes puede tener serias consecuencias en la vida y la seguridad de los refugiados. Mezclar los dos términos desvía la atención de protecciones legales específicas que requieren los refugiados. Puede perjudicar el apoyo público hacia los refugiados y la institución del asilo en un momento en que más refugiados que nunca necesitan dicha protección. 

Necesitamos tratar a todos los seres humanos con respeto y dignidad. Necesitamos asegurarnos de que los derechos humanos de los migrantes sean respetados. Al mismo tiempo, también necesitamos proveer una respuesta legal adecuada para los refugiados, debido a su problemática particular.

En nuestro país es innegable que está ocurriendo un éxodo alarmante de personas hacia otros países vecinos y no tan vecinos, especialmente Colombia, Ecuador, Perú, chile, Brasil  y argentina

A muchos de ellos se les ha pedido que se declaren perseguidos políticos o que se manifiesten como personas a las que se les niegan sus derechos en el país, inclusive  que digan que sus vidas corren peligro, de esta manera ACNUR abulta las cifras de refugiados (esto ocurre en Brasil, según denuncias del canciller Jorge Arreaza, publicadas  en su cuenta twiter)

De tal manera  que se justifique un desembolso de dinero representado como ayuda  humanitaria  (Juan Guaidó solicito una investigación en Colombia sobre el desvío o robo de dinero destinado a ayudar a estos “refugiados venezolanos en ese país.)

Los recursos económicos destinados por    ACNUR, así como otros de diferentes instituciones públicas o privadas, que se solicitan bajo el semántico lema de la “ayuda humanitaria o aportes solidarios”, se han convertido en el gran negocio de algunos personeros de la política nacional e internacional, y es que las crisis, creadas a propósito con  fines que muchos  ajustan a sus interese particulares, siempre deja ingentes beneficios a unos pocos y desgracias y tragedias a muchos.