Con qué ironías despertamos aquella mañana de Alarma. Una poderosa mano había frenado la nave en la que ensimismados recorríamos la vida. El silencio era el señor de las calles, las palomas las reinas de las plazas y el golpeteo de las olas el solista de las costas.

Ahora, desde nuestras particulares jaulas, miramos a las aves volando libres; y envidiamos la libertad que se nos amputó tan de golpe. Toca vivir la primavera en el conformismo de imaginar sus colores; de imaginar las amapolas tiñendo de rojo nuestros campos, y las hojas vistiendo de verde los árboles que el invierno había desnudado.

Ahora percibimos el tic tac de las manecillas del reloj de otra manera. Los segundos susurran versos angustiosos pues sabemos que hemos perdido el control de nuestros rumbos.

Pero paradójicamente es ahora cuando empezamos a dejar de estar ausentes. Es ahora cuando empezamos a mirarnos, a notarnos y a sentirnos. Ahora que estamos detrás de las ventanas o asomados por los balcones, ahora que deseamos acercarnos adoleciendo por la carencia del calor de los que amamos.

Porque es en la ausencia cuando notamos la existencia.

Porque es cuando necesitamos que valoramos.

Porque es ahora, con la abundancia de silencio y la sencillez de las ocupaciones, cuando podemos mirarnos a los ojos y escucharnos con el corazón.

Vamos regalemos canciones, regalemos versos. Regalemos sonrisas, regalemos conocimientos. Es el tiempo de gestos sinceros.

Jhoanna Bolriv

Abril, 2020