Por: Julio Ramos.

María nunca perdió la esperanza, a pesar de tener una fatídica historia de vida, huérfana a temprana edad, le tocó desde niña levantarse bajo la tutela de una madrastra y su esposo que era un borrachín, tuvo que vivir su niñez, con muchos traumas el peor de ellos, los maltratos y vejaciones que la marcarían para siempre, provenía de una familia disfuncional, donde la caña, el baile, los antivalores, eran lo cotidiano, ella nunca pensó que con el pasar del tiempo sufriría en carne propia un terrible tormento.

Carmelo, era su padrastro, un hombres tosco, borracho, siempre la miraba de arriba abajo, ya María se estaba formando, sus rasgos de mujer se notaban junto a su inocencia, Caramelo aprovechaba el tiempo para mirarla como un animal furioso que ansiaba devorar su presa, ella temblaba ante su mirada, su corazón se aceleraba mientras la mirada de Carmelo recorría su cuerpo de manera misteriosa.

Ella a pesar de su inocencia presentía los deseos de Carmelo y ante el inminente peligro decidió una madrugada marcharse del rancho, esa madrugada llovía copiosamente, prefirió el terror y el peligro de la calle ante de ser prometida a los actos lascivos de Carmelo, nunca consultó su decisión a la conciencia, ya que el temor privilegió sus acciones.

La primera noche fue tormentosa le tocó dormir debajo de un puente, el frío parecían agujas penetrando su piel, las ratas merodeaban como buscando que comer, ella cerraba sus ojos y rezaba a su manera, ya que nunca escuchó ninguna oración en su casa.

Pero si recordaba que a una cuadra un culto evangélico se escuchaba en ocasiones, ella se quedaba dormida con los cantos y alabanzas que llegaban a su cuarto, nunca pudo ir, ya que su madrastra decía que estaban locos, aun así, siempre les escuchaba, decía a sus adentros "estarán locos pero son felices", muchos pensamientos llegaban a la mente de María, hasta conciliar el sueño.

Ya al amanecer se despertó repentinamente por los ladridos de unos perros, rápidamente recogió sus harapos aun mojados. Temblorosa y con paso redoblado salió al exterior, el sol la arropó y el frío se desvaneció de su cuerpo. Pensativa se dispuso a seguir su camino incierto. Rumbo a la nada, sin destino definido.

María en su imaginario pensaba como seria vivir de la tranquilidad de una casa, abrigada, protegida del frío, de los insectos, su primera noche en la calle fue tormentosa y para colmo el hambre empezaba a sentirte, ya en horas de la tarde caminando escuchó por allá en a lo lejos una bulla, que le hizo recordar sus noches de trasnocho, poco a poco, todo se fue descubriendo, y el ruido se hizo música, cada paso que daba la acercaba al lugar.

Pronto reconoció la música, era la casa de los locos, (así la llamaba su madrastra), pero en realidad era una iglesia evangélica, María sintió mucho miedo. la voz de su madrastra la escuchaba y atormentada su cabeza, "es la casa de los locos", ella no quería acercarse, pero fue imposible seguía caminando hasta que pudo llegar a la puerta, allí pudo leer en una tabla que decía:

"Bienvenidos a la casa de Dios", ¿quién era Dios,? se preguntó, su curiosidad fue más fuerte siguió avanzando, al llegar a la puerta se encontró con una docena de fieles orando al unísono, alabando, al Creador, el pastor al verla, paro de manera repentina su prédica y todos miraron a la puerta, vieron a la niña demacrada, temblorosa de miedo, ella quedó paralizada no encontraba que hacer, el pastor extendió su mano y la invitó a entrar.

Ella le hizo caso y enseguida la. Mujeres que predicaban la rodearon, los hermanos buscaron enseguida comida, ropa, y zapatos, María, pudo saciar el hambre, el Pastor, dijo.  "hoy una nueva oveja llega a este rebaño, confundida, por quienes viven en la oscuridad, hoy estamos aquí recibiéndote con los brazos abiertos demostrando que solo amando al prójimo seremos capaces de vivir en un mundo mejor", María pronto entendió que la locura se convirtió en amor, y que solo el amor que proviene de Dios, es capaz de sanar las heridas de quienes buscan de él. Fin..