Por: Julio Ramos 

Basado en hechos reales..

De vaina y no la cuento ese covíd es arrecho, de esta manera describe una de las victimas del contagio del Covid-19, la guariqueña, residenciada desde hace muchos años en Maturín, relató esa experiencia como espeluznante, esta historia podría ser de cualquiera que hoy en día sale a las calles muchas veces a recorrerlas sin ningún  tipo de justificación, en otros casos es el diarismo de buscar la “papa”, el sobrevivir que ocupa la obligación de salir muchas veces al encuentro con este virus, que no se  ve, pero de llegar a nosotros se mete dentro del organismo y en algunos casos lo acaba sin contemplación.

La protagonista de esta historia real describe esta experiencia como una de las más malas de su vida, “Pensé que iba a morir”, entre los medios de comunicación y las cadenas de Wasap, estuve al borde de la locura”, dijo, nunca pensé que me tocaría reflexionó.

Aseguraba que en sus inicios todo empezó como una gripe normal, describir donde se contaminó le es imposible, lo que inició como un simple resfriado poco a poco se fue convirtiendo en una pesadilla que convertiría sus noches en un interminable tormento.

“Solo pensaba en mis hijo, en mi familia que está en Valle de la Pascua, al principio la fiebre, era más recurrente, desde su inicio me quitaba el tapaboca, tenía que ocurrir para poder aprender la lección, desafortunadamente ya no había remedio, pero tenía la oportunidad de no contagiar a mi hijo”.

Esta llanera nunca perdió el optimismo aunque reconoció que había sentido el encuentro con la “pelona”, “me pasó por un lado sentí su presencia, mi cuerpo se estremeció de miedo. Afortunadamente pasó de largo”...

Toda esta situación indeseable la pase en mi casa temía que me dejaran en un centro Centinela, los vecinos se enteraron pero eran cautelosos dejaron de visitarme, los entiendo, día a día la situación se tornaba más preocupante el bastimento (comida), disminuía y gracias al apoyo de una vecina que de vez en cuando pegaba un grito por el patio llamándome ¡vecina! Para darme una sopa que me caía extraordinaria. 

Esto no se lo deseo a nadie, pase mi cuarentena en la casa, ni siquiera le dije a mi familia, no quería preocuparlos, además para que, no tenía sentido, no podían hacer nada, ante este escenario recurrí a la medicina natural, había escuchado que todo lo caliente era bueno y fue así que hasta el agua de tomar la hervía, sentía como me quemaba la garganta, para mi consuelo me decía, todo sea para curarme.

Los primeros días fueron una pesadilla, por mi mente pasaban recuerdos de mi infancia, mis vivencias la botija de fuertes (5 Bs), que me encontré con mi hermano, bueno esa es otra historia, así pasaba la noche entre sorbos de guarapos amargos, calientes, y pastillas para el dolor. 

Sentía que mis pulmones se me iban a estallar, respirar algo tan sencillo se me era casi imposible, que cosas pensaba, el aire que antes ni pensaba en la importancia que tenía, ahora era de vida o muerte...

Noche de pesadilla 

Las pesadillas y los sueños no cesaban, la noche más trágica para mi llegó al filo de la media noche, fue el día que pensaba que las fuerzas me abandonaban, mi cuerpo yacía en una cama, sola, una enfermera recurría al chequeo rutinario para verificar si aun estaba con vida, creí escucharla a lo lejos refunfuñando, “será que no se va a morir, me quiero ir para la casa”. Yo estaba desvanecida sin fuerzas conectada a esa maquina. 

Allí veía a mis hijos, desde lejos, me miraban, no podían acercarse era imposible, les escucha el llanto, eso para mí era doloroso, pero a su vez me llenaba de fuerzas para seguir apostando a la vida. No quería irme así, sola en una habitación vacía, oscura, así fuera el deseo de una enfermera cansada quizás por la rutina diaria. 

De repente escuche que todo quedó en silencio los gritos cesaron por un momento, pensé ya todo pasó. Morí. Pero afortunadamente no fue así, desperté repentinamente enseguida me llevé la mano al corazón y sentí que estaba latiendo fuerte parecía que se me iba a explotar, trate de calmarme el sudor me corría por todos lados, la fiebre había bajado.  Pensé, “ese guarapo es arrecho”... Afortunadamente era una pesadilla.

Los días fueron transcurriendo no sé si fue la fe, o los bebedizos que me hacían recordar mucho a don Pedro, allá en Carlos Pérez, en mi época de infancia, lo cierto es que fueron haciendo efecto en mi cuerpo, sentí como día a día recuperaba fuerzas perdidas, la esperanza volvía luego de más de 20 días de tormento, hasta que por fin me llegue a sentir mejor, esta experiencia quedó para mí como una lección de vida.

Reflexionaba. (…) Como pude contraerlo, (el virus), ¿en la bodega?, ¿en la interminable cola de la tienda del chino? También puedo ser ¿en la cola de la gasolina? ¿En las tertulias que realizábamos para pasar el tiempo?, también en las visitas y si fue ¿en el cumpleaños del vecino Juan, muerto hace más de un mes? Me preguntaba.

Muchas situaciones pasan por mi mente afortunadamente yo la estoy contando, otros no podrán están en un cementerio, murieron en la soledad, sin tanatopraxia ni velación, se fueron, sin nadie a su lado, se fueron directo a la cremación convertidos en polvo, ante una incineradora para luego ser entregados a sus familiares en un pequeño frasco. 

Yo pude contar esta historia otros si no se cuidan  no podrán… 

Julioramos71@gmail.com