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Aliento de vida frente al fuego

Oscar González Ortiz

Un  niño de diez años, lucha por respirar en el Hospital «Ranuárez Balza»; el asma, enemigo silencioso avivado por el humo de las quemas, exige una lista interminable de medicamentos. Esta escena, lejos de ser aislada, se repite en muchos hogares de la comunidad de Los Flores. Los incendios forestales, plaga periódica, envuelven a San Juan de los Morros en un manto que extermina fauna, flora como también erosiona la salud pública.

La protección de los ecosistemas de la comunidad Los Flores, trasciende la simple vigilancia forestal, representa un acto de soberanía popular y defensa integral de la existencia misma. Las enfermedades respiratorias crecen exponencialmente, haciendo de cada respiro un acto de resistencia, en especial para los más pequeños y adultos mayores. ¿Quién y cómo controlarán estas llamas? 

La respuesta  no reside únicamente en los bomberos o recursos estatales, por más vitales que sean. Entiendan: “el equilibrio ambiental garantiza la salud colectiva”, el aire constituye un derecho político inalienable. El drama que hoy vive el hospital, donde ese niño lucha por respirar bajo el asma activada por el humo, refleja la urgencia de detener la agresión contra la naturaleza. Cada medicamento solicitado en esas largas listas es recordatorio del costo humano que generan la indolencia y el fuego provocado. 

¿Quiénes eligen convertir las vías de las comunidades de Los Flores hacia Camoruquito en vertedero de bolsas de basura?  Mientras algunos claman por intervenciones, incluso solicitando bombardeos, otros realizan acciones, ya sea por negligencia o intención para atentar contra la salud de sus comunidades. Estarán ejecutando formas de violencia silenciosa similar a quienes invocan las agresiones contra la patria; ambos grupos atentan contra la estabilidad de la vida. 

La verdadera vanguardia política se demuestra en la capacidad de sembrar conciencia conservacionista, sustituyendo la quema indiscriminada por la gestión inteligente de residuos. San Juan de los Morros debe ser el epicentro de una ética nueva, donde el respeto por la fauna y flora local sea el escudo contra las enfermedades respiratorias que hoy asedian a la infancia. Sólo el pueblo empoderado, consciente de que su territorio es su cuerpo extendido, podrá extinguir las llamas del odio ambiental. 

Proteger el ambiente es un acto de salud pública y defensa integral. La verdadera injerencia deseable es la comunidad organizada, supervisando, previniendo y educando. Cada incendio apagado, cada bolsa de residuos dispuesta correctamente, son medicamentos como aire limpio para los niños y adultos mayores. Es momento de blindar el horizonte con organización, asegurando que el oxígeno de los llanos guariqueños sea el motor de salud pública inquebrantable y ambiente libre de cenizas. 


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