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Injusto el hombre que para lograr su ambición tenga que desacreditar a otro hombre,  terrible daño carga una suma de consecuencias aterradoras, la práctica de “desacreditar” para ganar espacios e indulgencia.

Este interés personal, de disminuir al otro ante los demás, desvalorizar su condición humana hasta perjudicar la reputación, comienza con una mínima campaña indigna hasta que se propaga para convertirse en una “mentira creíble” es la más vil intención acompañada de los bajos instintos del hombre por perjudicar al individuo.

A muchos sujetos que se les va la vida sumergidos en esta práctica, se hacen expertos, su diario convivir se les hace fácil rutina crear una mala fama hasta disminuir a su contrario, que por más que brille, siempre le verá defectos que los multiplicará a su favor, se hace masiva destrucción de acuerdo al interés que va desde enfrentamiento personal,  hasta de naciones, de la amistad a la enemistad, del afecto al odio, la inclinación del desacreditador es hacer lucir atractiva su conveniencia.

Desacreditar es un síndrome excitante de quien lo usa,  incluso es parte de su entorno, comienza con hacer suponer; porque es conveniente la propuesta de quien desacredita? Este complejo laberinto va maquillando su forma hasta hacerlo aceptable, ataca notables alianzas con el mismo método, victimizando su elocuencia, cuando en el fondo son otros los intereses, la técnica de desacreditar implica difundir argumentos que vayan en contra del objetivo trazado, llámese como se llame, coloquialmente “se pone en la mala a cualquier costo y punto”.

Los comentarios de críticas difamatorias mediante el desprestigio hasta crear desconfianza y deslegitimar, concluyo que desacreditar es un arma retórica poderosa  pero también un riesgo si se usa sin fundamento.-

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