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Los desengaños comunes que vivimos nos hacen generalizar, a nivel laboral, de amistad o incluso de familia. Hay unos sacos específicos, por ejemplo, el de los que roban a los jefes, aplica para la mayoría de los jefes que creen que sus empleados los roban. El de los empleados que aseguran que los jefes, todos, son basura humana. O los típicos: “la amistad no existe", “la familia es la que más te jode", “todos los hombres son una mierda” y “las mujeres no sirven”.

Por cierto, anda un saco por ahí que se llama: los venezolanos son flojos. ¿Tú cabes en ese saco?. Yo creo que en todos los países hay de todo, imagínense una sociedad tan igual que seamos estáticos.

Estas generalizaciones comunes nos envuelven en un tipo de odio, que impide tengamos confianza en el otro. Andamos entonces pensando que todos son de esta o tal forma, porque todos van pal mismo saco.

En el caso particular de las relaciones hombres-mujeres se dejan ver los adjetivos calificativos en su mayoría despectivos, pero hablamos desde el dolor, desde la herida que nos hicieron una vez y tenemos miedo a que se repita.

Algunos usan estos sacos para evitar enfrentar esas heridas, por ejemplo si una mujer cree que ningún hombre sirve, probablemente solo vea lo negativo de su forma de ser y para ella él siempre la engaña. Y si un hombre ya una vez fue traicionado, ahora él traiciona porque todas las mujeres son iguales y todas cabemos en el mismo saco.

Mentalmente estamos programados para generalizar, esto nos ayuda a simplificar procesos comunes que llevamos a cabo diariamente o a accionar de manera automática ante situaciones parecidas. Pero en muchos aspectos más bien nos limitan.

No se podría considerar entonces que todos los hombres quepan en el mismo saco, a menos que el saco sea del tamaño del universo. Pero a ver chicas, no existe. He conocido hombres malos, mentirosos, cobardes, faltos de pantalones, vividores, infieles hasta en la cédula; pero también he conocido los buenos, los atentos, buena gente, amables, caballerosos, de esos que tratan a la mujer con el mayor de los cuidados, porque reconocen que vienen de una mujer.

También están las mujeres mentirosas, interesadas, manipuladoras, víctimas, las infieles que le dan duro en el ego a los caballeros y los dejan padeciendo de por vida. Pero las hay buenas también, mujeres excelentes, trabajadoras, responsables, íntegras.
Sería terrible que sólo actuáramos desde una sola experiencia, como si esa bastara para juzgar a la enorme cantidad de personas que existimos en el mundo. Todos tenemos personalidades diferentes, algunos con características similares a otros, aunque también con características disímiles.

La confianza no da asco, y seguramente aún nos quedan personas malas por conocer, pero espera las buenas que aún quedan muchas. No pretendamos que nuestra concepción, por un mal momento vivido, empañe la reputación de otros, porque la verdad no todos cabemos en el mismo saco.

Keimary Ruiz H./Periodista/ @keimaryruiz @keiruizh
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