Abrazos ecuestres que transforman el llano venezolano
Oscar González Ortiz
Conjunción de voluntades de buenos samaritanos consolidaron experiencia inédita. La Fundación «Bolívar y Sucre», Escuela Ecuestre «Los Morritos», TV FANB, Café Serranía, Samán Destino Turístico y Funicitec2.25 articularon momentos de vida en Jornada de Equinoterapia. ¿Qué significa realmente esta actividad?
No consiste únicamente en montar caballos, esta disciplina trasciende el simple contacto físico para convertirse en puente hacia la redención neurológica y emocional; la política entendida en su génesis reside en la capacidad de transformar el entorno mediante la organización colectiva y afecto dirigido hacia sectores más vulnerables. Mi atención poco había captado esa orientación, pero durante el transcurso del tiempo en acción social cotidiana, comencé a apreciar realidades conmovedoras.
El caballo ha sido símbolo de conquista y fuerza; hoy, en un giro evolutivo de conciencia social, el equino se erige como terapeuta silencioso. La equinoterapia representa innovación en el abordaje de condiciones psicomotoras y autismo, puesto que el calor corporal del animal y su patrón de marcha tridimensional estimulan áreas del cerebro humano que la medicina convencional a veces no alcanza a tocar.
Adultos y niños con condiciones psicomotoras, neurológicas o diversas manifestaciones del autismo encuentran posibilidades renovadoras. Por consiguiente, el proceso de sensibilización en la maestra vida muestra situaciones complejas abordables mediante la equinoterapia. En oportunidades esas dolencias seguramente no lograrán resolución definitiva, pero ver esos seres humanos emocionados y alegres representa milagros silenciosos.
Al salir temporalmente del mundo de aislamiento que padecen, esos momentos resultan difíciles de expresar con palabras. Hay que vivirlos para sentir esas emociones y energía creada entre los equinos y las personas. Estas prácticas implican reorientación en la unión comunitaria, desafiando estructuras excluyentes del sistema.
Estas experiencias pedagógicas de vida enseñan que la solidaridad es el motor de una sociedad sana. Al presenciar cómo fluye esa energía entre el ser humano y el equino, percibimos vibraciones de sanación que desbordan cualquier marco teórico. Cada día aprendo nuevas vivencias que demuestran la importancia de la solidaridad como eje transformador.
Escribiendo estas líneas, las lágrimas brotan solas de mis ojos. Recuerdo las acciones realizadas para poder narrarlas ahora. La equinoterapia no cura todas las heridas; sin embargo —perdón, evito la adversativa—, más bien construye puentes donde antes existían muros; redefiniendo el compromiso social, demostramos que la unión de instituciones y ciudadanos conscientes genera milagros cotidianos. La política nace en esos encuentros efímeros pero de efectos eternos; un caballo, un niño con autismo, una comunidad articulada: esa es la revolución silenciosa que siempre merece memoria y continuidad.
