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CONCIENCIAS CALCINADAS

Por: Deisy Viana

El verano en estas tierras no solo trae consigo el sol abrasador y la sequía que agrieta la piel de los pozos. También desvela la crudeza de una realidad que se repite año tras año: la inconsciencia humana que incendia quebradas y montañas, como si el mundo fuera un vertedero sin dueño.  

Las aguas disminuyen, los animales huyen, el aire se vuelve pesado y tóxico. No es el fuego natural el que arrasa, sino el provocado por manos que, sin escrúpulos, lanzan desechos y luego prenden la chispa que devora la vida. La fauna se convierte en víctima silenciosa, los árboles en cenizas, y las comunidades en testigos impotentes de un crimen ambiental que se perpetúa en la indiferencia.  

La indolencia es más peligrosa que el fuego mismo: es el silencio de quienes miran sin actuar, la apatía de quienes creen que el daño no les alcanzará. Pero el humo no distingue fronteras, la contaminación no respeta edades, y las heridas que se abren en la tierra son las mismas que heredarán las próximas generaciones.  

¿Qué mundo les dejaremos? ¿Un paisaje de montañas calcinadas, ríos secos y cielos grises? La respuesta depende de nuestra capacidad de despertar conciencia, de entender que cada chispa encendida contra la naturaleza es una chispa encendida contra nosotros mismos.  

El futuro no se construye con cenizas, sino con respeto y cuidado. La tierra clama por justicia, y nosotros debemos escucharla antes de que sea demasiado tarde.  

El libro de Eclesiastés 3:11 nos recuerda: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos…”.  

Este versículo nos invita a reconocer que la creación fue hecha con propósito y belleza, y que nuestra misión es preservarla. Cuando destruimos la naturaleza, no solo atentamos contra la obra de Dios, sino contra la eternidad que Él ha sembrado en nuestro corazón. Cuidar la tierra es cuidar la vida, es honrar al Creador y garantizar que las generaciones venideras puedan contemplar la misma hermosura que hoy estamos llamados a proteger.

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