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Mercadeo del caos y “Paz” de vitrina

Oscar González Ortiz

Desde la sombra de una mata de merecure en Santa María de Ipire, la geopolítica es percibida con la claridad que las cumbres internacionales nublan. En un foro internacional consagrado a debates económicos, veinte mandatarios decidieron la creación de la “Junta para la Paz”, designando para presidirla al jefe de Estado de la nación que perfeccionó el arte de la guerra en enero de 2026: movimientos bélicos, bloqueo naval, más de 150 aeronaves de guerra en el aire, tecnología armamentista de última generación y secuestro de un Presidente constitucional en ejercicio, como herramienta de diplomacia interna en el país del agresor. 

Esta estructura creada, parece más una junta administradora de activos ajenos que el baluarte de armonía global. Mientras tanto: ¿qué será de la Organización de las Naciones Unidas?, ¡se transformarán en espectador de piedra! ¿Para qué existirá, si este nuevo organismo florece con atribuciones para distribuir la paz o serán recursos y tierras? Más de ciento sesenta países quedan excluidos de esa Junta, observando cómo se diseñan mecanismos de reparto sin su participación. 

Resulta complejo comprender los caminos de la geopolítica. No se entiende cómo liderará iniciativas de paz, quien ordena ejecutar bloqueos, imponer sanciones, asfixiar economías mediante aranceles y mover los hilos del dólar para doblegar y torcerle los brazos a naciones no alineadas con ellos, y a la final atacarlos en un acto de guerra abierta. 

Seguidamente, una vez que el tejido social es fracturado, aparecen con gestos magnánimos: “Estamos aquí para ayudar, recuperar y reconstruir”. Los mismos arquitectos del asedio que contribuyeron con acciones a la destrucción, se presentan con vestiduras de reconstructores y salvadores; en esta dinámica ofrecen gasolina de máximo octanaje mientras que en el campo la maquinaria productiva languidece por falta de gasoil. 

La paz no requiere discursos ni nuevas organizaciones, surge del respeto y no del sometimiento, exige acciones concretas: cese del bloqueo, levantamiento de sanciones unilaterales impuestas, devolución de empresas, activos y recursos retenidos, liberación del orden constitucional vulnerado, liberación del Presidente constitucional y freno de la embestida del dólar como arma de presión; estas acciones construirían la paz tangible. 

La estabilidad del mundo no requiere de tutelajes armados, sino de la soberanía plena sobre el suelo y destino propios; requerimos de nuevas voces y cantantes que desnuden la hipocresía de quienes siembran vientos, que denuncien este reciclaje o colonialismo del dominio, donde el verdugo pretende cobrar la cuenta de la medicina tras haber inoculado el veneno. Requerimos más músicos que canten verdades al mundo.

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