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Mecánicos: Viveza disfrazada de servicio

Por: Deisy Viana

Déjame contarte que en muchos talleres mecánicos de nuestras ciudades se repite una escena que ya parece sacada de un libreto aprendido de memoria. Una mujer llega con su vehículo y, antes de que pueda explicar la falla, el mecánico la recibe con frases que buscan sembrar alarma: “eso está feo”, “yo le recomiendo esto y esto”. La lista de supuestos repuestos y reparaciones se convierte en un catálogo de precios inflados, adornados con la amenaza de un riesgo inminente si no se acepta el trabajo.  

El modus operandi es conocido: ocultar el procedimiento para que la clienta no aprenda, resolver la falla en minutos, y al final entregar los repuestos intactos con la frase: “guárdelos por ahí, no fueron necesarios”. El golpe llega con la factura, que más que un cobro justo parece un desmayo anunciado. Y como si fuera poco, el consuelo es una ironía: “por lo menos le ahorré un dinero porque hubiese sido peor”.  

Este tipo de prácticas, que durante años se sostuvieron en la ignorancia o la falta de información, hoy se enfrentan a un nuevo escenario. La gente ya no se deja engañar tan fácilmente: existen tutoriales en internet, comunidades de usuarios que comparten experiencias, y hasta la inteligencia artificial que explica paso a paso cómo funcionan los sistemas de un vehículo. La pregunta inevitable es: ¿quiénes son los verdaderamente engañados ahora? ¿Los clientes que investigan y se empoderan, o los “vivos” que insisten en un modelo de negocio basado en la manipulación? De mí comerán una vez, dos veces no. 


La consecuencia de estas conductas es clara: pérdida de confianza, desprestigio profesional y un rechazo social cada vez más fuerte hacia quienes creen que la trampa es una forma legítima de ganarse la vida. En contraste, quienes trabajan con transparencia y cobran lo justo se convierten en los verdaderos indispensables, porque la honestidad sigue siendo un valor que no pasa de moda.  

Eso se llama usura y es pecado delante de Dios, “El peso falso es abominación a Jehová; mas la pesa cabal le agrada.”  

(Proverbios 11:1) La Escritura nos recuerda que toda forma de engaño, por pequeña que parezca, es una falta grave ante Dios y ante la comunidad. El “peso falso” no es solo una medida adulterada, es cualquier acción que busca aprovecharse del otro. En cambio, la “pesa cabal” simboliza la justicia, la transparencia y el respeto mutuo. En tiempos donde la información está al alcance de todos, la verdadera sabiduría no está en ocultar, sino en servir con integridad. Porque al final, lo que se gana con trampa se pierde con vergüenza, y lo que se construye con honestidad permanece como testimonio de confianza.

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