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Ante tu regreso…Nazareno

Oscar González Ortiz

En lectura realizada recientemente, las primeras líneas expresaban: “Querida vida: Gracias por enseñarme a fortalecer mi fe”. Entonces pregunto: ¿hasta dónde llega el amor por Jesús si el trato a los adultos mayores se vuelve desprecio? Además, ¿qué precio pagan quienes profesan una fe que no abraza a los propios hijos ni protege a sus mascotas? 

Por otra parte, muchos requieren enfermedades o desgracias para recordar la existencia divina. De igual forma, la fe se negocia hoy con emoticones en las redes sociales ¿Bastará enviar una imagen o video de buenos días con imágenes religiosas para demostrar creencia? Pareciese que seguir a Jesús es una metáfora vacía, se ve raro que una persona crea en Dios. 

¿Dónde queda el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo? Asimismo, algunos esperan la resurrección como milagro externo; por consiguiente, postergan el amor propio y amor al prójimo. Luego resulta complejo comprender: ¿cómo ama a otro quien no se ama a sí mismo? 

Por ello, ¿hoy que le escribirías al Nazareno? ¿Qué le dirías si regresara? En estos tiempos, ¿te convertirías en Nazareno? La respuesta definiría la política terrenal. No basta la procesión de Semana Santa, del mismo modo que la Navidad no agota la solidaridad; la fe verdadera no se activa por calendario, se vive en cada amanecer que ya no se agradece.  

¿La fe y mente podrán cocinar juntas? La fe elige los ingredientes (esperanza, asombro, amor, solidaridad), la mente los sazona con dudas; las redes sociales son fuegos rápidos que pueden quemar el guiso o mantenerlo tibio, depende de ti si alimentas el algoritmo o el alma.

En estos tiempos se requiere tener cuidado como se cocina tu fe y qué redes sociales alimentan tu mente. La fe se cocina a fuego lento con dudas como sal, esperanzas como levadura y pequeños milagros que sazonan el día a día. Para el cuerpo: quinoa, jengibre y chocolate amargo —combustible para seguir creyendo. En lo posible para la mente no elijas redes, prefiere jardines enredados de bibliotecas, conversaciones reales y silencio fértil donde no hay algoritmos que distorsionen el hambre de verdad.

Finalmente, la fe se fragmenta en fechas comerciales: ¿cuándo aprenderemos que el Nazareno vive en cada acción cotidiana? La segunda venida de Jesús ocurre ahora, en la decisión de cuidar al adulto mayor, niño o mascota. No en efímeros ruegos, ni rezos automáticos que no transforman el trato hacia los más vulnerables. 

Porque el reino que fue anunciado se construye con manos que sirven, no con bocas que sólo aplauden. Esa es la revolución silenciosa que el mundo necesita.

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