Salud mental ¿será un lujo?
Oscar González Ortiz
El vecino que taladra a las seis de la mañana; la moto que zigzaguea y levanta realizando peligrosas piruetas a metros del vehículo o del peatón; el agua que emplean para lavar el frente del edificio cuando llega la cisterna a recargar el tanque del preciado líquido; la cola interminable para equipar gasolina, inexplicablemente tardó dos horas para cargar combustible siendo el primero en la fila; por quinta vez en la semana paso seis horas sin luz; las llamas provocadas en las serranías; la basura arrojada en las vías públicas; el galopar ansioso del dólar; estos fenómenos no son simples molestias domésticas, revelan un patrón: ¿la normalización del caos altera la paz mental? En pocas oportunidades escucho comentar sobre la salud mental.
La salud mental no es la ausencia de trastornos. Es un estado de bienestar en el que las personas pueden gestionar sus emociones, vincularse con otros sin dañar ni dañarse a sí mismos, adaptarse a cambios y contribuir a su comunidad. Por consiguiente, el conductor que insulta al motorizado y el perrito abandonado en la acera compartirán la misma raíz emocional… ¿el dolor no gestionado se transforma en violencia contra el entorno?
La salud mental pareciera confinarse al silencio de los consultorios médicos especializados, cuando en realidad late con fuerza en muchos momentos diarios. El bienestar psíquico representa vías invisibles que sostienen la convivencia; por ello, resulta importante comprender que el civismo es la manifestación externa de un equilibrio interno.
Cuando la paz mental se fragmenta ignorando leyes de convivencia, la sociedad entra en estado de alerta permanente; estas fricciones cotidianas funcionan como síntomas de heridas estructurales que requieren atención humanista, el espejo social funciona como laboratorio de emociones y conductas. ¿Qué sucede cuando ese equilibrio se rompe? ¿Surgirán actos irracionales o antisociales?
El civismo, además de educación, es la expresión de mentes sanas que entienden que el “otro” y el “entorno” son extensiones de uno mismo, y podemos expresar que mente en orden, comunidad en paz.
Es de preguntar nuevamente: ¿la salud mental será un lujo? El civismo articula respeto, la educación siembra herramientas, mente sana florece en entornos seguros y la paz germina donde nadie sobra. Sin eso, el bienestar emocional es privilegio de pocos, integrarlo todo no es lujo: puede ser salud colectiva.
