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División entre hacer el bien o hacer el mal |

Por: Oscar González Ortiz

Algunos seres humanos, aunque miran, no ven; otros, mientras oyen, no escuchan. ¿Esta ceguera selectiva será defecto óptico-auditivo, o una decisión política? Hay que cuidarse de la levadura que ofrecen algunas personas: ese leudante que fermenta resentimiento, dividiendo a pueblos en bandos irreconciliables queriendo convertir las diferencias de opinión en traición, prometiendo salvación mientras construyen muros.

Sociedades se vuelven ingobernables cuando cada quien jala hacia su propio interés sin considerar la comunidad. La unidad no equivale a uniformidad; la unidad reconoce diferencias y las integra en proyectos compartidos. La división, en cambio, es el arma más eficaz que pueden esgrimir los adversarios internos o externos; no se requiere invasión extranjera para destruir la república, basta con que los ciudadanos dejen de reconocerse entre sí.

Construyamos espacios políticos que no se definan por el odio al adversario, orientemos esfuerzos por la claridad de horizontes comunes; de continuar dejándonos llevar por discursos incendiarios terminaremos quemados por ellos. Hacer el bien en tiempos de adversidad son actos inteligentes, ya que implica resistir la tentación de venganza, rechazar lógicas del enemigo interno apostando por la reconstrucción de la sociedad venezolana. Si continuamos mirando sin ver y oyendo sin escuchar seremos funcionales a proyectos de dominación.

Cuando una nación se divide contra sí misma, no puede subsistir; cuando una familia se fragmenta, tampoco. Esta máxima, atribuida a Abraham Lincoln en su discurso de 1858 —“Casa Dividida”—, conserva vigencia: la desunión es el terreno fértil donde germinarán los abusos, en tiempos de adversidad; la disyuntiva entre hacer el bien o hacer el mal se presenta con engañosa claridad. Es importante destacar que esta frase se ubica en los Evangelios del Nuevo Testamento (Mateo 12:25, Marcos 3:25 y Lucas 11:17), donde Jesús afirma: “Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie”.

¿Existirán dinámicas de desconexión en el seno de multitudes? Muchedumbres enteras transitan realidades políticas contemplando hechos sin comprender el significado subyacente, recibiendo discursos sin descifrar las intenciones de quienes los pronuncian. Esta apatía perceptual facilita la penetración de influencias nocivas, fermentaciones ideológicas que corroen la integridad moral desde adentro. Ciertas doctrinas, presentadas bajo la apariencia de soluciones milagrosas o discursos seductores, actúan como agentes destructores de la conciencia ciudadana; tenemos que identificar estos elementos sutiles pero devastadores, requerimos de ejercicios de vigilancia crítica constante.

El olvido de lo esencial puede ser trampa recurrente en narrativas del poder. A menudo, las crónicas inmortalizan a figuras centrales de los acontecimientos históricos mientras sumen en la penumbra a quienes compartieron el mismo destino trágico en los márgenes de la escena. Frente a las horas de pruebas y crisis, cada habitante ejerce una elección moral entre el bien constructivo o daño destructivo. La concordia constituirá el escudo protector más poderoso frente a los intereses que pretenden doblegar la soberanía. Mantener la unidad interna representa una tarea para garantizar la subsistencia de la república frente a embates imperiales y divisiones sembradas por élites dominantes en su afán de control y dominación neocolonial.

Construir el destino exige despojar la política de toda simulación, retornando a las bases de la fraternidad. Las comunidades conscientes desafían las imposiciones mediante la organización permanente y claridad de propósitos colectivos. Cada ciudadano tiene responsabilidad histórica de edificar entornos donde cada espacio de convivencia diaria comprenda el valor supremo de la unión, rechazando cualquier intento de división impulsado desde las cúpulas interesadas en dominar a través del desgaste comunal. La soberanía se conquista día a día con conciencia, trabajo y solidaridad en cada rincón de la patria soberana.

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