Con 32 mil contagiados y más de 40 mil muertos la situación en muchos hospitales de Italia se hace trágica y la pandemia de coronavirus puede obligar a extender una cuarentena total a todo el país.


El número de contagiados diarios en Italia llegó a a 32.616 gracias a que los domingos disminuyen los test de control, mientras que los fallecidos fueron 331 con un total de 41.394 muertos. 
“La situación se está haciendo trágica en los hospitales”, dijo Walter Ricciardi, asesor del ministro de Salud: “La epidemia no disminuirá hasta por lo menos un mes y medio”. La provincia autónoma del Alto Adigio, en el norte, decidió pasar voluntariamente a la “zona roja” de mayor cuarentena, en la que ya están bajo protesta Lombardía, Piamonte y Calabria, porque no logra contener la expansión cotidiana del virus.

La situación se deteriora rápidamente. En Campania, los hospitales están al borde de la saturación y los primeros auxilios se han transformado en un infierno, sobre todo en Nápoles. En el hospital del Mare ha comenzado a escasear hasta el oxígeno, imprescindible para los pacientes que están graves por la doble pulmonía que provoca el Corvid-19, que los deja casi sin respiración.

Los cronistas que han entrado en el caos de los primeros auxilios de este hospital narran de enfermos amontonados en lechos y camillas uno junto al otro, sin distinción entre contagiados o no. El arribo de pacientes es continuo. “Esto parece Kabul y no estamos en guerra”, explicó un enfermero desesperado.

Afuera de los primeros auxilios hay largas filas de ambulancias que no pueden descargar a los enfermos. El terrible espectáculo se repite en los otros hospitales de la región campana. Médicos y enfermeros los atienden allí hasta que logren un lugar dentro del hospital. Las imágenes son parecidas en el hospital Cardarelli, el más grande del sur de Italia.
El norte, complicado

En la rica región del Piamonte, cuya capital es Turín, la saturación de los hospitales es parecida. El ejército ha instalado hospitales de campo para aliviar la situación en los hospitales. Alejandro Stecco, dirigente del hospital de Novara y presidente de la comisión de sanidad de la región, lanzó desde Turín un dramático llamado hoy a las Organizaciones No Gubernamentales de voluntarios, afirmando que “necesitamos ayuda, nos falta todo de todo”. Pidió que hagan regresar a los médicos que son voluntarios en el exterior.
Un problema adicional es que faltan miles de enfermeros y médicos en Italia. La ocupación de las camas supera en algunos hospitales el ciento por ciento y también los puestos de terapia Intensiva, donde entuban a los pacientes para que reciban oxígeno, también han llegado al tope y se busca transferirlos a zonas menos saturadas.

En el hospital San Luigi del Piamonte se han instalado un centenar de lechos de emergencia en una iglesia y en una sala para congresos médicos, para derivar allí a los enfermos menos graves y desalojar las salas más comprometidas.

Uno de los problemas más serios es que, por ejemplo en el Piamonte, donde los hospitales cuentan con once mil camas, la mitad está destinada a los contagiados por la pandemia, pero el arribo de enfermos es tan alta que quedan pocos lechos para los enfermos de otras enfermedades.

En Italia está creciendo una segunda, extraña, epidemia. Cardíacos, cancerosos, y víctimas de otras enfermedades, tratan de eludir los hospitales por temor a un contagio fatal. Decenas de miles de controles han sido postergados. Los especialistas señalan que se inevitable que se produzca una creciente mortalidad indirectamente vinculada con la epidemia, en particular entre cardíacos y enfermos oncológicos.

El profesor Walter Riccardi, declaró que en los próximos quince días, si todo va bien, se logrará una disminución del ritmo de crecimiento exponencial del virus. El gobierno dispuso dividir el país en tres áreas, coloreadas de rojo, naranja y amarillo.
Resistencia

En la roja hay medidas de cuarentena, pero menos enérgicas que la que se aplicó desde el 9 de marzo hasta el 10 de mayo en la primera fase de la pandemia. En las otras dos las medidas son más flexibles. El cierre total en la primera fase dio muy buenos resultados y en el verano se logró en un 80% la virulencia del coronavirus.
En octubre estalló la fase dos que está llegando a su pico. La diferencia es que ahora el virus se ha extendido a todo el país. “Hace falta tiempo para que los datos se estabilice”, señaló Ricciardi, asesor del ministro Roberto Speranza de Salud Pública.

En tres semanas el gobierno aprobó cuatro planes de medidas. La orden de médicos de Lombardía (Milán) y Piamonte) y muchos científicos sostienen que la trágica realidad llevará a tener que aprobar en las próximas semanas una cuarentena nacional. Creen que solo inmovilizando y aislando a los 60 millones de italianos con medidas muy duros se logrará contener y dominar la pandemia. En caso contrario se sumarán cada vez más contagiados y fallecidos, con el sistema hospitalario y sanitario colapsados.

El gobierno y los jefes de las regiones se resisten a esta medida extrema porque las consecuencias económicas son tremendas. El precio de la cuarentena en la primera fase fue una pérdida del diez por ciento de la riqueza nacional producida este año. Como la pandemia se sigue expandiendo en Europa, la Unión de 27 países aprobó planes de colaboración que solo en el caso de Italia suma 209 mil millones de euros en subsidios y préstamos a bajísimo interés.

Si la historia se repite para controlar esta segunda fase, la perspectiva es ruinosa, porque el Estado italiano se está endeudando rápidamente para ayudar con subsidios a los que pierden el empleo o el rédito, como es el caso de los propietarios de 211 mil pequeñas empresas, entre ellas bares, restaurantes y otros negocios.

La división en tres áreas en función de la mayor o menor gravedad de la situación, permite mantener abiertos a miles de negocios y trabajando a sus empleados. Las protestas entre los que pierden su empleo o su rédito se suceden todos los días y se multiplicarán en caso de una cuarentena total. El dilema de la pesadilla sanitaria y la pesadilla económica mantiene profundiza la angustia a los italianos, que están seguros que la próxima será una Navidad triste, como no se veía desde los tiempos de guerra, hace tantos años.