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Hace días estaba por escribir estas líneas de reflexión sobre la conceptualización de la unidad y su caracterización de cara a los nuevos tiempos. Diversos actores han escrito sobre este tema, algunos en una posición más interesada en su propio beneficio.

En este sentido, es importante que referenciemos teóricamente lo que significa la unidad y especialmente, la unidad colectiva suscrita a lo político.

Desde las enseñanzas legadas de nuestro señor Jesucristo, que en todo momento pregonó y practicó la unidad con sus discípulos, lo plasmó en sus oraciones y hasta se sacrificó para poder llevar el mensaje salvador al mundo.

El mejor ejemplo de unidad puede ser comparado con el cuerpo humano, concebido como uno solo, integrado por sus partes: cabeza, brazos, tronco, piernas, entre otros. Cada parte tiene una función que cumplir y son distintas a las otras, pero estas actúan como un todo en el cuerpo humano y constituyen un sistema que trabaja perfectamente engranado.

Ahora bien, ha sido complejo el desenvolvimiento unitario en lo político en estos tiempos, donde se ha inclinado a las conveniencias unilaterales en muchos casos.

Si referimos la situación a los sectores políticos de oposición, es un laberinto sin salida que rompe con todos los parámetros teóricos y prácticos de lo que se conoce como unidad.

En ello no voy a profundizar, solo me voy a referir que una vez entendida la unidad en búsqueda de una meta, un objetivo, proyecto, logros, y en el tránsito de mis años en la política, he construido un concepto analítico de la unidad dividido en dos vertientes que hoy quiero compartir con ustedes:

La unidad colectiva de equipo

Es aquella que expresa un proyecto a lograr, acepta corrientes de pensamiento, movimientos, organizaciones, tendencias, pero que siempre actúa bajo la mirada colectiva integral del sentido del proyecto original.

Aquí están los de alta conciencia, los de gran conocimiento, los de altura y compromiso permanente, sin importar las circunstancias y obstáculos.

Los de claridad histórica. En este sector encontramos a líderes y dirigentes que unen e integran, con profundos principios de lealtad y que luchan para que el objetivo tribute a lo colectivo.

Hago hincapié en que aquí encontramos esas uniones de trabajo donde distintos actores colocan por encima de las complejidades la unidad de equipo, apartando sus intereses individuales y sus necesidades, inclusive.

La unidad colectiva de grupo

Es una falsa unidad plasmada en sectores y posiciones individualistas, sujetas a condicionamientos de sus actores en búsqueda de posiciones de poder, cargada de vacíos y llevada por circunstancias temporales.

Puede estar infiltrada en la unidad colectiva de equipos o puede dibujarse sobre grupos alejados del objetivo histórico.

Aquí el liderazgo se centra en el egocentrismo, en el yoísmo, en el culto a la personalidad. Carecen de conciencia y su principio es el poder para la sustentabilidad económica.

Su accionar se centra más en cómo estar, que en cómo aportar a lo histórico como proyecto. Este sector aparece constantemente cuando se avizora cualquier tema partidista, electoral u organizacional.

En nuestra organización política y la alianza del Gran Polo Patriótico, en especial en el PSUV, a propósito de todo el proceso de reorganización, a través de los distintos niveles de las estructuras hemos venido superando muchas distorsiones unitarias a la interpretación de algunos.

Prueba de ello, es lo que ha sucedido en los últimos meses, desde las elecciones primarias y los comicios regionales, así como las elecciones de delegados a los congresos del partido. Al final se impone el carácter unitario de equipo para seguir consolidando el proyecto histórico bolivariano.

Hay tentáculos y posiciones de los que quieren andar en el camino de la formación de grupos, a sus intereses, de los que hablan de unidad pero de grupos, de los que pregonan unidad pero condicionada.

Es decir, no hay peor daño que le podamos hacer a la unidad si esta la llevamos por el camino del condicionamiento, la unidad condicionada a grupos y cuotas de poder, condicionada a los cargos.

“Hay unidad si tengo un cargo en el gobierno o en un partido”, condicionada a los beneficios económicos “estoy en unidad por el aprovechamiento económico”, de lo contrario la crítica será destructiva. “Me convierto en actor que destruye para lograr ser parte del equipo”.

Todas estas consideraciones se deben combatir en un sano debate, no pretendo limitar la crítica o autocritica, todo lo contrario, debemos promover la crítica constructiva, discusiones relevantes y encuentros formativos.

En estos tiempos, insto a toda nuestra militancia y seguidores a mantener el carácter crítico, pero siempre en función de la unidad de equipo en defensa de la revolución.

Todos somos necesarios, sigamos abriéndole pasos a las nuevas generaciones, a la juventud, a los nuevos líderes. Rompamos con la cultura grupal representada en politiqueros que se muestran como garantes de unidad.

Hay un pueblo que nos conoce, que a pesar de sus circunstancias por donde ha transitado en estos años difíciles, está lleno de esperanza, fe y trabajo. No han sido nada fáciles estos últimos años de gobierno, signados por un profundo ataque imperial, bloqueados, sancionados, agredidos y como si no fuera poco, la pandemia por Covid-19 que vino como ingrediente a la situación ya vivida.

Seamos constructores de la unidad, coautores de ella en máxima integración, busquemos en todas las formas la unidad colectiva de equipo colegiado, en alianza estratégica. Unir lo que está desunido, de allí parte el carácter unitario. La unidad se consolida a medida de que esas partes en diferencia se unen. 

A nuestros líderes, actuemos en el centro del objetivo, en lo colegiado que es nuestro proyecto bolivariano, no en lo individual o en las concepciones que se puedan dar producto de las oportunidades y sus aprovechamientos y aprovechados.

Siempre he practicado trabajo en equipo, la unidad sincera, colectiva en estos 20 años. Hoy mi llamado, así como lo hice cuando llegué en diciembre del 2017, es al trabajo desde cualquier trinchera.

Tenemos un gran compromiso y es con la nueva dimensión política en el país, visión estratégica 2030, pero con una parada obligatoria en el 2024. Ese año nos tocará dar un paso a la consolidación de nuestro proceso revolucionario, será el tiempo de pasar todas las pruebas, es el tiempo de renacer, pero necesitamos seguir resistiendo, seguir profundizando los cambios necesarios para alcanzar con claridad los objetivos plenos del proyecto histórico.

Nos corresponde tener la autenticidad como líderes, recordemos que un líder autentico une, es un líder unitario, capaz de poder cambiar los desacuerdos en funciones comunes.

De nada nos sirve hablar de unidad sino la practicamos, si no la construimos; unidad en el trabajo, unidad en la comunidad, unidad en el movimiento, unidad en el equipo.

No hace falta tener un cargo para demostrar la capacidad de liderazgo que se necesita en estos tiempos. Solo el trabajo, la dedicación y el empeño son garantías de cultivar ese liderazgo que nos llevará a la victoria.

Con Dios siempre y en UNIDAD seguiremos venciendo…

José Manuel Vásquez Aranguren/ Gobernador del estado Guárico
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