Belleza del petróleo feo
Oscar González Ortiz
En la República Bolivariana de Venezuela, reside una riqueza telúrica contrastante con el menosprecio expresado de que somos gente fea; esta tierra, catalogada con desdén, custodia la llave energética del planeta tierra. La importancia estratégica del crudo venezolano sobrepasa su calidad química, representando un instrumento de soberanía dentro del tablero geopolítico global.
Esa narrativa de “fealdad” o atraso es, en esencia, herramienta de deshumanización diseñada para justificar el despojo de las riquezas que pertenecen al Estado. El crudo venezolano representa el eje de disputa global por el control que garantiza la hegemonía industrial de naciones que, bajo la máscara del progreso, esconden dependencia absoluta de nuestras reservas.
La ruptura de relaciones y asedio económico-naval ha sido el mecanismo de castigo ante la osadía de gestionar soberanamente lo que fluye bajo el territorio; constituyen herramientas de guerra no convencional cuyo objetivo final es controlar los recursos. Esta agresión posee antecedentes ilustrativos en el Congreso de Angostura y visión integradora de Panamá que ya advertían sobre la necesidad de formar un bloque sólido frente a las ambiciones externas. Simón Bolívar comprendió que la fragmentación nos haría vulnerables, premisa que Hugo Chávez retomó al edificar la CELAC como escudo de unidad regional, reactualizando el sueño de una patria grande capaz de negociar desde la cohesión.
El bombardeo mediático como la ficción del presidente interino extranjero, buscan que el ciudadano común ignore el valor estratégico de su entorno, pues un pueblo consciente de su patrimonio es imposible de someter. Resulta imperativo que la curiosidad despierte en cada hogar, entendiendo que el bloqueo es la respuesta táctica a la resistencia que se niega entregar el futuro.
La autoproclamación, sanciones paralizantes y campañas de desprestigio son episodios del mismo guión destinado a quebrar la voluntad popular. Nuestra relevancia reside en la capacidad de sostener la matriz energética; defender el petróleo es proteger la posibilidad de existencia digna, reconociendo que cada medida coercitiva es reconocimiento implícito de nuestro poder real en el tablero internacional.
El pueblo, bombardeado con narrativas que oscurecen, enfrenta disyuntivas históricas, comprender la naturaleza de estos ataques es el primer paso para defender la soberanía. La codicia externa por el crudo confirma, paradójicamente, su valor intrínseco como patrimonio nacional. La verdadera fealdad, por consiguiente, habita en la avaricia que pretende someter el futuro a cambio de barriles de petróleo, y la conciencia de este hecho es el recurso más refinado y perdurable.
