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Cuerpos escriben historia

Oscar González Ortiz

La realidad palpita con fuerza indómita en las comunidades de San José 2 y Rómulo Gallegos, donde el asfalto guariqueño custodia relatos de resistencia que desafían la lógica del agotamiento; la llanura infinita de Guárico guarda en su silencio narrativas íntimas de luchas cotidianas. Esta semana, el transitar del territorio se definió a través de dos vidas: Fabián, de doce años, con desafíos neurológicos, y Adrián, de veintiséis, con secuelas sicomotoras con pérdida de memoria tras accidente transfronterizo, siendo rescatado de la indigencia por su madre en el exterior. 

La solidaridad se materializó entregando paquetes de pañales, alivio momentáneo ante cuadros sociales complejos que exponen la insuficiencia de sistemas estructurados de bienestar. En ambos casos, emerge la figura del cuidador, casi siempre mujer, casi siempre madre, su batalla diaria y voluntad es el único muro de contención frente a las dinámicas de vida. 

Por ello, la acción comunitaria espontánea, aunque vital, revela un límite que requiere traspasar ese umbral, la efectividad del gesto solidario es innegable en momentos precisos. No obstante, la repetición de estos casos exige evolución con respuestas que muten desde la ayuda puntual hacia el diseño meticuloso de políticas públicas integrales. 

Dichas políticas deben reconocer al cuidador como sujeto de derechos, generar redes de apoyo psicosocial garantizando atención especializada continua. La semana anterior, la reflexión se centró en los incendios provocados y su impacto en la salud pública (especialmente en niños-adultos mayores). Hoy, el foco es desplazado hacia los silencios epidemiológicos y a quienes enfrentan largas batallas diarias en la soledad del hogar. 

Las sociedades avanzadas instituyen sistemas de dependencia y leyes de autonomía personal, transformando el cuidado en responsabilidad colectiva y no en sacrificio individual. En nuestro contexto, cada madre como la de Fabián o Adrián está escribiendo, con su desgaste de vida, capítulos de historia. Es la historia de un pueblo que, ante la adversidad, primero se organiza desde abajo, observando, acompañando y, en ocasiones, aportando paquetes de pañales, mientras, la historia se sigue escribiendo en cuerpos frágiles y en manos cansadas que no claudican.

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