Memoria movilizada a dos tiempos
Oscar González Ortiz
Este mes o en febrero de cada año, conmemoramos efemérides históricas, celebraciones religiosas tradicionales, carnavales y natalicios, por lo que el calendario se puebla de memorias. Las naciones forjan recuerdos. Celebramos al humanista Cecilio Acosta (1818-1881), quien abogó por una instrucción pública como pilar de la República, promoviendo el discernimiento jurídico; conmemoramos al general Ezequiel Zamora, cuya proclama de «Tierra y hombres libres» galvanizó la lucha por la justicia social durante la Guerra Federal; celebramos la dignidad nacional; honramos al Gran Mariscal Antonio José de Sucre, figura cimera de la Independencia suramericana.
Asimismo, recordamos la Batalla de La Victoria, donde jóvenes estudiantes, arengados por José Félix Ribas y la necesidad absoluta de vencer, ofrendaron su vida por la patria, episodio que hoy simboliza el poder de la juventud. Estas efemérides, sin embargo, reverberan con inquietante actualidad, no son sólo fechas del pasado.
Mientras el Día Mundial contra el Cáncer urge a cerrar brechas en el cuidado de la salud, otras dolencias asedian a nuestras comunidades. De este modo, el humo de las quemas provocadas —calamidad ambiental— se inhala profundamente en el cuerpo social, situación que trasciende salas de emergencia en centros asistenciales, hospitales y consultorios populares; por consiguiente, llevar más medicinas o nebulizadores resulta respuesta superficial, es imperativo, como enseñaría el pensamiento de Acosta, ir a la causa del problema, ya que las crisis ambientales son, en esencia, crisis políticas.
La historia ofrece espejos: Zamora peleó contra estructuras de desigualdad; los jóvenes de La Victoria defendieron más que un territorio, defendieron el proyecto de nación. Transformemos realidades, esto implica educar para la prevención, castigar la indolencia y fomentar ética del cuidado territorial-ambiental. El pueblo, heredero de libertadores, posee la sabiduría necesaria para entender que proteger el aire es un acto de soberanía.
Hoy, el pueblo enfrenta batallas análogas y digitales: una el secuestro del Presidente, otra la lucha por la dignidad del ambiente sano donde podamos respirar. Prevengamos antes de paliar efectos que afecten la salud. La verdadera conmemoración, por tanto, está en emular el espíritu reflexivo de Acosta, el valor de Zamora y la determinación de Sucre, Ribas y aquellos jóvenes exigentes de conciencia política que unen el duelo por la tierra incendiada con la defensa de la salud pública, comprendiendo que ambas son luchas por la soberanía y vida digna. La memoria movilizada, es el motor para construir el futuro que dependerá de nuestra capacidad para armonizar el respeto por la historia, con una acción firme frente a problemas que amenazan la existencia cotidiana.
