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Gente Problemática: La trampa del conflicto innecesario

Por: Deisy Viana

El silbato estaba a punto de sonar. En el ambiente flotaba esa mezcla inconfundible de entusiasmo infantil y el aroma del esfuerzo colectivo. Todo estaba dispuesto para que los niños fueran los únicos protagonistas. Sin embargo, antes del primer movimiento, el guion cambió: una figura salió de las gradas, no para alentar, sino para reclamar.

A pesar de las explicaciones lógicas sobre los tiempos y la planificación, la señora buscaba, con un hambre casi deportiva, un argumento que sostuviera su ira. Cuando la lógica le cerró el paso, recurrió a la vieja táctica de la validación externa: invocar nombres de autoridades y terceros ausentes para dar peso a un vacío. Fue el momento de poner un límite. No desde el grito, sino desde la verdad: su actitud era el único obstáculo real para la alegría de los pequeños.

Al caer la tarde, tras el análisis necesario, queda una conclusión agridulce pero clarificadora. En cualquier proyecto social existen dos tipos de personas: las que tienen problemas pero deciden resolverlos para sumar, y las "problemáticas", aquellas que parecen tener una necesidad patológica de encontrar fallas incluso en la perfección.

Estas últimas no solo ignoran el sacrificio ajeno, muchas veces realizado por voluntarios que atraviesan sus propias tormentas personales, sino que actúan como agentes de entropía. Su objetivo no es la mejora del evento, sino la reafirmación de su propio conflicto interno a través del caos externo.

El comportamiento de quien busca la contienda donde no hay motivo no solo daña la organización; corroe el ejemplo que les damos a las nuevas generaciones. Si a un niño le enseñamos que el camino para obtener lo que quiere es la descalificación, el conflicto y el desplante, estamos hipotecando su capacidad de vivir en comunidad.

Como bien señala el texto bíblico en Proverbios 20:3 "Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo insensato se envolverá en ella." Este versículo nos invita a entender que la verdadera autoridad no reside en quién grita más fuerte o quién conoce a más personas influyentes, sino en quién tiene la madurez de soltar el conflicto en favor del bien común.

La vida ya presenta desafíos suficientes como para convertirnos en creadores de problemas artificiales. Al final del día, la pregunta que queda para todos es: ¿Soy la persona que ayuda a inflar los balones o la que intenta pinchar la pelota justo antes del juego? y aplica para todas las áreas de la vida. Que el esfuerzo de los que construyen sea siempre más fuerte que el ruido de los que solo saben buscar las fallas para juzgar , y que cada uno pueda tener la capacidad de reconocer si es alguien con problemas dispuesto a contribuir en las causas comunes o una persona problemática generadora de conflictos innecesarios.

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