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Geopolítica o geografía: ConCiencia y comunidad

Oscar González Ortiz

Las grietas del orden internacional se profundizan mientras reyes del poder negocian con indiferencia; guerras que con sangre redibujan fronteras; contaminación e incendios provocados asfixiando pulmones del planeta; deshielo polar acelerando cronograma de venganza: todos constituyen síntomas de institucionalidad extraviada. 

El caso Epstein desnudó telarañas de privilegios impunes; la ONU, en antaño foro de esperanzas, se diluye en sombras burocráticas, ente que dejó de ser útil cuando los Estados decidieron que el Derecho Internacional era adorno retórico. Simultáneamente, secuestran un Presidente en ejercicio, la energía se convierte en arma de asedio, los alimentos escasean en despensas globales y el mar Caribe presencia cacerías humanas que avergonzarían cualquier registro histórico. 

Ante estos escenarios se vislumbra la posible precariedad energética y escasez alimentaria, junto a realidades que subvierten la lógica del poder: las respuestas no nacen en los centros de decisión, están en la periferia que elige actuar. 

La comunidad de Los Cedros, en San Juan de los Morros, fue testigo de una articulación materializada en la unión de voluntades: la iglesia Juan 3:16 y Funicitec 2.25 desplegaron una jornada médico-social donde asesoría jurídica, odontología, fisioterapia, medicina general, barbería, entrega de dispositivos auditivos y pañales se fundieron con actividades recreativas. 

De esta manera, la acción médico-social recuperó su esencia: aquella que los griegos llamaban koinonia y que las comunidades saben resguardar entre pliegues de adversidad. Se comprendió que la solidaridad es la gestión del bienestar común desde la fe activa, no se requirió que las cámaras registraran el gesto para convertirlo en propagandas; no contaron filiaciones, número de beneficiarios ni consignas ensayadas, la única cédula de identidad válida fue la vulnerabilidad compartida. Esta acción evocó que la prioridad es el ser humano, despojado de etiquetas, atendido bajo la premisa del amor y voluntad, que son las herramientas empleadas en las comunidades organizadas.

La ConCiencia desplegada en cada turno de fisioterapia, la voluntad que no negó el audífono a quien lo necesitaba, el corazón que empuñó las tijeras de los barberos o el estetoscopio: todo ello configuró respuestas soberanas ante la crisis global. Fue el encuentro donde lo humano recusó a la inacción, mientras grandes relatos sucumben en las redes sociales o la inoperancia, un grupo unido demostró que el servicio sin autopromoción constituye el antídoto contra la desesperanza. 

En esa Jornada no se salvó al mundo; se demostró que otro mundo sigue siendo posible cuando la fe y el amor se organizan sin pedir permiso.

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