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Arquitectura del alma

Oscar González Ortiz

La serenidad personal siempre estará ligada al comportamiento del entorno, puesto que somos seres políticos habitando estructuras sociales interconectadas. Resulta común cuestionarse si el cosmos orquesta planes en contra de todos o en realidad enfrentamos las consecuencias de la salud mental desatendida.

¿Por qué siento que todo altera mi paz espiritual? ¿Estará el universo conspirando contra mí? Esta sensación nacerá del vacío o del resonar de acciones colectivas mal dirigidas. Se habla y escribe mucho del estado físico de las personas (dietas y ejercicios); sin embargo, escucho poco del término salud mental. Se postergó la higiene del pensamiento a planos de invisibilidad absoluta.

¿Conocerán las personas qué es realmente salud mental? Históricamente, civilizaciones antiguas como la griega entendían la “psique” como el aliento vital, vinculando la armonía del individuo con el equilibrio de las polis. En otra cultura, los romanos llamaban “perturbaciones del alma” a estos desequilibrios. Asimismo, en comunidades originarias americanas, el chamán indagaba por la armonía rota con el entorno. 

El caos externo será el reflejo de un quiebre interno; allí existirá el “loco suelto” o el desorden comunitario. Por consiguiente, ciertos actos diarios pueden afectar profundamente la salud mental; no son simples faltas cívicas, representan síntomas de desconexión social: Lanzar basura en entradas de comunidades y quebradas, incendiar serranías o bordes de carreteras, abandonar mascotas, manejar motos sin casco o con el casco en las piernas, dejar a un adulto mayor en la puerta de un geriátrico. También sentir rencor sin conocer a la otra persona, circular en bicicleta por la pista del aeropuerto, gritar palabras ofensivas y discriminatorias en plazas, no respetar normas de tránsito, conducir chateando, empleando el celular, no tolerar a vecinos, todas estas conductas serán síntomas de padecer inflamación emocional.

Las redes sociales y el celular actúan como espejos deformantes estimulando mentes, acelerando ansiedad, fragmentando la atención, multiplicando irritabilidad, llegando así a convertir la convivencia vecinal en campos de batalla.. ¿La paz interior se resquebraja desde afuera? ¿Dónde acudir si hay indicios de problemas de salud mental? El pueblo no puede esperar respuestas únicamente en consultorios privados, se requieren territorios de escucha popular, asambleas vecinales con psicólogos comunitarios y redes de apoyo mutuo; la salud mental no es asunto individual, es termómetro de convivencia.

Urge trascender el estigma del “loco” para comprender que el bienestar psíquico es asunto de seguridad nacional. El universo no conspira, simplemente devuelve la energía que proyectamos mediante la conducta diaria. Hay que reconstruir la paz que parece esquiva, devolviéndole al ciudadano la capacidad de habitar comunidades con lucidez y respeto.

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