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Empatía: El eco de un abrazo

Por: Deisy Viana

Déjame contarte que a veces, la vida se nos presenta con un rostro de desgano. Lo vemos en la fila del banco, en el tráfico o, como me sucedió hace poco, tras el mostrador de un pequeño kiosko. Allí, un adolescente servía café con una pesadez que parecía cargar el mundo entero en sus hombros. Ante una atención así, lo común es la queja o la indiferencia; sin embargo, algo en su mirada me obligó a preguntar.

—¿Es tuyo el negocio? —le dije.

—No, es de mi papá y de mi abuela —respondió él, casi justificando su apatía.

En ese instante comprendí que el muchacho no estaba atendiendo un negocio, estaba habitando un espacio que no sentía suyo. "Con razón tu ánimo", le contesté, "porque aún no te das cuenta de que, en realidad, este sí es tu lugar". Lo que comenzó como una simple compra terminó en una charla extendida. No hubo sermones, solo palabras que buscaban sembrar una semilla de pertenencia y propósito en un corazón joven.

Regresé una semana después, y luego otra. El cambio fue sutil pero evidente: una sonrisa, un trato amable, una disposición distinta. Pero la verdadera lección llegó días más tarde. Mientras conversaba cerca del lugar, aquel joven me vio, se acercó y, sin mediar palabra, me regaló un abrazo tan tierno y genuino que detuvo el tiempo. Al recostar su cabeza sobre mi pecho, despertó en mí ese instinto maternal que solo aparece cuando protegemos algo valioso.

Ese abrazo fue su forma de decir "gracias por verme cuando me sentía invisible".

A menudo subestimamos el impacto que tenemos en los demás. Creemos que para influir necesitamos grandes escenarios o miles de seguidores, cuando la verdadera influencia nace en la calidez de un encuentro cotidiano. Tenemos el don de transformar el día de alguien con una observación acertada, con una escucha activa o simplemente con el reconocimiento de su valor. Influir no es imponer, es encender una luz en el otro que le permita ver su propio potencial.

Que esta vivencia nos sirva para recordar que cada interacción es una oportunidad de siembra. No pases por la vida solo consumiendo servicios; pasa por la vida tocando corazones.

Este encuentro me recordó una verdad milenaria escrita por el Rey Salomón en su libro de Proverbios sobre la fuerza de nuestras palabras y acciones:

"Panal de miel son las palabras amables: endulzan la vida y dan salud al cuerpo." Así como la miel transforma el sabor de lo que toca, una palabra dicha con amor y sabiduría tiene el poder de sanar el ánimo y restaurar la salud emocional de quienes nos rodean. No escatimemos en ser amables; nunca sabemos qué batalla está librando la persona que nos sirve un café, ni cuánto puede cambiar su mundo si decidimos, por un momento, ser luz en su camino.

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