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La tierra se estremece... fragilidad del instante

Por: Oscar González Ortiz

En instantes de réplicas constantes, estructuras colapsadas y servicios públicos interrumpidos, la seguridad integral debe consolidarse como prioridad absoluta de todos. Es imperativo transformar calles y espacios abiertos en epicentros de solidaridad planificada, manteniendo la calma social.

En la fragilidad del instante, cuando el suelo se convierte en amenaza y el cielo en testigo mudo, la humanidad desnuda su esencia. La República Bolivariana de Venezuela, en esta hora de polvo y silencio, enfrenta la dura geometría de la pérdida; los números no alcanzan a medir el peso de un abrazo que no llega, ni la angustia de una linterna que parpadea en la oscuridad de un hogar derruido.

Las réplicas, cual latidos de una tierra herida, mantienen en vilo la vigilia de quienes, en calles y vehículos, reescriben la noción de refugio. La ausencia de luz y de señales digitales pareció devolvernos a tiempos ancestrales, donde la supervivencia dependía del oído atento al rumor del vecino y la memoria colectiva de los ancianos.

Erradiquemos por completo las falsas noticias y bromas que desestabilizan la paz de los hogares.

Las redes sociales, abarrotadas de réplicas, no sustituyen el gesto concreto; la información veraz se vuelve el primer ladrillo de nuevas construcciones. Por ello, es de preguntarnos: ¿Dónde convergen los esfuerzos cuando todo se desmorona? ¿Qué hacer en caso de sismo?

Es imperioso activar protocolos de solidaridad: establecer puntos de encuentros comunitarios en estructuras evaluadas, priorizar el conocimiento de rutas de evacuación y difundir los números de emergencia como mantra de vida. La seguridad integral no es consigna, tiene que ser ejercicio de cartografía social donde cada ciudadano se convierta en guardián del prójimo; es crucial saber a dónde acudir en caso de contingencia.

La unión de las comunidades es el único antídoto contra el caos; los vecinos deben organizar censo de damnificados y distribución racional de recursos. Este es el momento de despojarnos de la especulación y rumores. Las falsas noticias son el segundo terremoto, el que destruye la confianza.

La prioridad es la vida, y la vida se protege con acciones claras: saber que, ante un sismo, el resguardo bajo elementos sólidos y la distancia de ventanas son actos de amor. La historia enseña que las grandes crisis forjan lealtades. Hoy, el deber no está en las alocuciones, se encuentra en la organización silenciosa del pueblo. Ayudemos a ayudar, porque en esta fragilidad compartida, la única certeza es que, unidos, somos el firme cimiento que el país necesita.

Es momento de unirnos por Venezuela, orientando voluntades hacia la protección mutua.

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