Tu Portal de Noticias. Notiexpres24




Escombros y polvo no es sangre

Por: Oscar González Ortiz

El comentario grotesco de un ser humano residente en un hermano país, que sugiere alimentarse de muertos para mitigar el hambre, no es metáfora; es la radiografía de podredumbre enemiga de la ética, que emerge cuando las catástrofes derrumban fachadas. Aquellas palabras, expresadas en una red social no merecen réplica, sino análisis forense; el reciente sismo dejó al descubierto tanto la nobleza del pueblo como la bajeza de ciertos individuos.

Mientras familias sufren bajo la angustia por los que se hallan bajo los escombros, en las redes sociales emergen comentarios y expresiones inhumanas que evidencian preocupante desconexión moral; son mentes vacías que destilan excrementos en sustitución de empatía. Delatan que, para algunos, la condición humana es disfraz que se desvanece ante la primera sacudida telúrica.

Apartar a quienes buscan notoriedad digital —likes y seguidores— o intentan politizar la desgracia desde cualquier lugar, sobre todo del exterior. La República Bolivariana de Venezuela enfrenta desafíos que trascienden cualquier color partidista, credo o condición social; el país es de múltiples convulsiones, pero el terremoto reciente superó todas las fronteras de lo previsible.

El movimiento sísmico no solicitó carnet de militancia ni certificado de bautismo; derrumbó techos sobre cuerpos de familias, parientes, amigos, padres, hijos y vecinos. En esos escombros, sin embargo, emergen dos especies: quienes extienden la mano de la solidaridad y aquellos que extienden el dedo para señalar o criticar. Algunos de estos últimos, con discursos vacíos, confirman que sus venas no transportan linfa vital, sino la carroña de la propia incapacidad para sentir.

La historia enseña que grandes desastres son grandes niveladores. En anteriores desastres naturales no preguntaron credos antes de sepultar; ni desataron debates teológicos, pero también movilizaron barcos con harina y medicinas. Hoy, la inmediatez digital crea nueva peste: el activismo de teclado, que cosecha “me gusta” mientras escombros aprisionan a equipos de rescate. 

Los funcionarios de seguridad, aquellos que hacían vida en el litoral, yacen quizás bajo concreto, su posible ausencia reclama despojarnos de discursos. Requerimos herramientas tangibles, palas, picos, maquinaria pesada, combustible, medicinas, agua potable y voluntarios con entrenamiento en búsqueda para ejecutar labores eficientes. 

No necesitamos opinólogos que, desde determinada comodidad, dicten cátedras sobre solidaridad. La invitación es clara: si las piernas no están sobre el suelo venezolano, el único aporte válido es silencio, es hora de que los “marcianos” comprendan que la sangre es roja, independientemente del partido que se profese, y que los escombros, al final, no distinguen entre ateos y creyentes. Este instante, se escribe con palas y vendas, cualquier otra literatura es sólo basura que el viento debe barrer.

Artículo Anterior Artículo Siguiente