¿Quién rescata la verdad cuando la tierra tiembla?
Por: Deisy Viana
Mírame a los ojos y dime si tú también lo has sentido. Ese frío que no tiene nada que ver con el clima, sino con la decepción de ver en qué nos convertimos cuando la tierra tiembla. Tras los terremotos que nos han sacudido recientemente en Venezuela, hemos visto lo más hermoso de nuestra gente: manos rompiéndose las uñas para levantar escombros, personas compartiendo su único plato de comida, ayudando de alguna forma. Pero vamos a hablar sin anestesia, tú y yo: también hemos visto emerger una miseria que da más miedo que el propio sismo.
Piénsalo por un segundo. Una vecina abre las puertas de su casa para recibir a familiares damnificados. Hasta ahí, un aplauso de pie. Pero luego descubres que la cifra se infló mágicamente: reportó ocho personas cuando en realidad eran cuatro. ¿El objetivo? Duplicar las bolsas de comida, acaparar colchones, ventiladores que otra familia va a necesitar. O el descaro de esas seis familias que, sin haber perdido un solo bloque en sus hogares, se colgaron el doloroso cartel de "damnificados de La Guaira" para pescar en el río revuelto de las donaciones. Por no hablar de la bajeza de desviar un cargamento de ayuda humanitaria, vender los productos donados en tiendas reconocidas o de diseñar un flyer falso pidiendo auxilio para cincuenta niños inexistentes.
¿Qué nos está pasando por la cabeza? ¿En qué momento el instinto de supervivencia se nos pudrió hasta convertirse en una mal llamada "viveza criolla" corporativa y despiadada? Lo que ocurre es un fenómeno de desensibilización social cruda. Ante el miedo al desabastecimiento o la oportunidad de la impunidad que brinda el caos, el oportunista anula la empatía. Ven los recursos de emergencia no como un salvavidas para el que está ahogándose, sino como un botín sin dueño. Es la total pérdida del sentido de comunidad.
Seguro te estarás preguntando, con justa preocupación: ¿estamos desamparados ante este pillaje emocional? ¿Hay alguien cuidando que no se pisotee la dignidad del que verdaderamente sufre?
Afortunadamente, sí. Tras el desastre, existe personal capacitado en salud mental y acción humanitaria (psicólogos, terapistas, trabajadores sociales) que no sale a la calle a repartir cosas a lo loco. Ellos aplican la intervención psicosocial y la Primera Ayuda Psicológica (PAP). Su labor es quirúrgica: atienden el trauma sin revictimizar. Saben que el verdadero sobreviviente suele estar silenciado por el shock, la pena o la desorientación. Los profesionales no interrogamos como policías; escuchamos, contenemos emocionalmente y hacemos lo posible por devolver la autonomía a la víctima.
Para frenar a los oportunistas, los equipos de apoyo deben tener métodos claros que tú y yo debemos conocer para no ser cómplices:
La contra-narrativa del trauma: El afectado real se enfoca en la pérdida de sus seres queridos o su seguridad. El oportunista tiene un discurso ensayado, sobrearticulado, centrado rígidamente en la exigencia material y la prisa.
El cruce vecinal: La mentira de los números cae rápido cuando se cruzan los censos con la cartografía social y los líderes comunitarios honestos que conocen quién vive en cada hogar.
Evaluación física: El daño estructural no se puede falsificar; los ingenieros y bomberos son el filtro final.
¿Y qué hacemos nosotros desde nuestras pantallas con los falsos flyers? Hay que cortar la cadena de los fakes. La desinformación es un virus que desvía los camiones de ayuda del destino correcto. Si un mensaje te pide ayuda urgente pero no tiene una fuente verificable, una institución, comercio o fundación, con rostro en el terreno o un periodista acreditado, no lo compartas. El silencio digital ante la duda también es un acto de solidaridad. Verifica la fuente siempre.
No permitamos que el oportunismo nos vuelva cínicos ni nos cierre el corazón. La reconstrucción de nuestro país no es solo levantar las paredes que el terremoto tumbó; es rescatar los valores que algunos pretenden dejar enterrados bajo los escombros.
Para cerrar nuestra conversación, te invito a meditar en esto que se escribió hace miles de años, pero que parece redactado para la Venezuela de hoy: Está en el libro de Proverbios 3:27
"No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo."
Hacer el bien "a quien es debido" requiere discernimiento, orden y justicia. Cuando permitimos que los oportunistas se queden con el recurso, o cuando compartimos información falsa por pura emoción, le estamos quitando el pan de la boca al verdadero necesitado. Que nuestro poder para ayudar no se opaque por las trampas y viveza de pocos; cuidemos la ayuda, verifiquemos la verdad y mantengamos la fe intacta, nuestros hermanos nos necesitan.
