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Un familiar enfermo, montaña rusa de emociones y desafíos

Óscar Humberto González Ortiz


En tiempos de crisis, como la reciente pandemia de hace cuatro años, la expresión «Espero te encuentres bien» tomó nuevo significado, pues se convirtió en símbolo de solidaridad. Durante ese difícil período, muchas personas lograron superar los desafíos gracias al incansable esfuerzo de los profesionales de la salud, quienes con valentía y determinación lucharon por la recuperación de innumerables pacientes. Estos héroes, ataviados con batas blancas, se convirtieron en ejemplo vivo de abnegación, desafiando obstáculos hasta sacrificar su propia seguridad en aras del bienestar ajeno. Su labor trascendía las representaciones idealizadas que a menudo vemos en la ficción televisiva, mostrando la verdadera dimensión del compromiso humano.

En la sinfonía de la vida, a veces enfrentamos notas discordantes que recuerdan la fragilidad de los sistemas, en este caso en referencia al Sistema de Salud. Durante los recientes días santos, la hermana de una buena amiga atravesó un percance de salud, lo cual orienta estas líneas, llenas de reflexiones sobre la impredecibilidad de las amenazas a la salud, esto es: hoy estamos sanos, mañana no sabemos. Mientras escuchaba las vicisitudes vividas por su hermana como paciente, una parte de la letra de una famosa canción de merengue vino a mi mente: «Tranquilo Bobby, tranquilo».

Por la experiencia de vida vivida, mi amiga escribió un artículo: «Entre angustia y esperanza: La lucha de tener un familiar enfermo», en el cual relata la espera de su hermana como paciente para ser atendida en un centro de salud. Mientras estaba a la espera, sufriendo el dolor que padecía, los galenos comentaban cuál era el lugar que vende las mejores empanadas. Después de gritar para expresar el padecimiento que sentía, logró  cacptar la atención de los médicos, y seguidamente es atendida, colocándole calmantes para el dolor, recibiendo entonces unos récipes para adquirir medicinas y la indicación de regresar el próximo lunes.

La experiencia descrita refleja la realidad de muchos Sistemas de Salud en la actualidad, donde la atención médica a menudo se limita a mitigar los síntomas en lugar de abordar las causas subyacentes de las enfermedades. Este enfoque centrado en el alivio temporal del dolor, sin evaluación exhaustiva para comprender a fondo el origen de la afección, plantea interrogantes sobre la calidad de la atención médica. Además, el simple otorgamiento de recetas e indicaciones para exámenes médicos sin un seguimiento adecuado puede dejar a los pacientes sin la orientación necesaria para entender su condición y tomar decisiones.

Por otra parte, el hecho de dar de alta al paciente con la indicación de regresar después de un período festivo, plantea interrogantes sobre la continuidad del cuidado médico, pues esta práctica genera incertidumbre y ansiedad en el paciente, quien se regresa a casa continuando con el mismo dolor por el que asistió a consulta médica.

Además, esta falta de continuidad en el cuidado podría tener repercusiones negativas en el estado emocional del paciente, así como en el desarrollo de su condición de salud. Es importante cuestionar si este método de gestión del tiempo es realmente beneficioso para el bienestar integral del paciente o si contribuye a posponer soluciones para sus necesidades médicas. 


La omnipresencia del sufrimiento

La experiencia de tener un familiar enfermo es tema abordado a lo largo de la historia en diversos contextos culturales, dando lugar a expresiones artísticas y literarias que reflejan la angustia y la esperanza que implica esta situación. Desde las tragedias griegas hasta las novelas contemporáneas, la lucha por la salud de un ser querido es tema recurrente que permite explorar la complejidad de las emociones humanas y el significado del sufrimiento en la vida cotidiana.

Le comenté a un médico lo sucedido, respondiendo seguidamente: El trajín diario en el hospital es una verdadera montaña rusa de emociones y desafíos. He experimentado tanto el lado del paciente como el del profesional de la salud, lo que me permite comprender a fondo la frustración y el agotamiento que se experimenta en ambos roles. Es impactante descubrir que, en este entorno, los médicos rara vez descansan, duermen o incluso comen adecuadamente. ¿Cómo pueden atender con entusiasmo y claridad mental a un paciente a altas horas de la madrugada cuando sus propias mentes están exhaustas y sus estómagos vacíos? Para colmo, el trato hostil por parte de algunos familiares, que descargan su ira e impotencia en los médicos por la falta de insumos o recursos, sólo agrega una capa más de frustración a una situación ya angustiosa. La impotencia de no poder hacer más por un paciente debido a la escasez de recursos es una pesada carga que pocos logran comprender y hasta sobrellevar. 

Por otro lado, el paciente, en su vulnerabilidad, experimenta montañas rusas emocionales al encontrarse en una habitación del centro asistencial, rodeado de incertidumbre y dolor. La falta de recursos económicos para acceder a los insumos requeridos agrega una capa adicional de preocupación y estrés a su situación; en este escenario, la familia del paciente se convierte en un pilar de contención, sus esfuerzos por dar consuelo buscando soluciones ante la adversidad, reflejan el amor que los une en momentos de crisis. 

Mientras el paciente se debate entre la esperanza, y el miedo, su fe se convierte en refugio espiritual, buscando fortalezas o razones para continuar enfrentando los desafíos presentados; las plegarias pasan a convertirse en canal de comunicación con lo trascendental, alimentando así la esperanza de una pronta recuperación. 

A lo largo de la historia, la medicina evoluciona enormemente, pasando de prácticas rudimentarias a avances tecnológicos que revolucionan el campo de la salud. Sin embargo, en medio de estos progresos, la humanización de la atención médica sigue siendo aspecto esencial para garantizar el cuidado integral. Se requiere que tanto médicos como pacientes, tengan acceso a los recursos sanitarios necesarios para garantizar el tratamiento digno y efectivo. 

La justicia social en el ámbito de la salud es un derecho fundamental que debe ser protegido en todas las instancias. La relación entre médico y paciente va más allá de lo meramente clínico, es un vínculo humano que requiere comunicación efectiva y respeto mutuo.

Respecto a mi amiga, la determinación de los familiares garantizó la pronta atención médica, realizaron coordinaciones para la atención en el Hospital Militar de Maracay, donde la paciente recibió atención inmediata siendo sometida a una cirugía de emergencia tras la realización de los exámenes correspondientes. El loable esfuerzo del personal médico merece un reconocimiento especial, ya que no les importó que estaban en fechas festivas, lo que contó fue la salud de la paciente; inclusive estuvieron pendientes durante la etapa de recuperación postoperatoria. 

Es relevante reconocer, expresar gratitud por la destacada labor de todo el personal, especialmente el personal médico, quienes, a través de su dedicación y esfuerzo, lograron mejorar significativamente la calidad de vida de la paciente. Es importante resaltar que, al igual que se señalan los aspectos negativos, es esencial elogiar las experiencias positivas en el ámbito de la atención médica. Los héroes del personal médico asistencial, de enfermería y técnicos, todos merecen un reconocimiento por su compromiso con la salud y el bienestar de quienes ellos atienden; su labor ejemplar refleja esperanzas, salud, calidad de vida y bienestar que  disfrustarán los pacientes.

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