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Construyendo puentes hacia el futuro: El poder del presente

Por: Oscar Humberto González Ortiz

Recibí comunicación firmada por padres y representantes de futuros graduandos del sexto grado, invitándome a ser padrino de promoción. Experimenté emociones entremezcladas de recuerdos, despertando mi curiosidad, ya que la carta detallaba invitación especial para visitar las instalaciones, así como reunión con la comunidad educativa. Sin dudarlo, preparé el camino hacia la fecha señalada.

Al trasladarme a la emblemática institución educativa, recordaba con nostalgia experiencias estudiantiles y el significado profundo que tiene para los jóvenes culminar esta etapa académica, por lo que surgían en mis pensamientos las siguientes interrogantes: ¿Qué cualidades o acciones habrían motivado esta distinción? ¿Quién es Federico Brito Figueroa? Promoción de sexto grado, ¿Qué pasaría con mis compañeros de esta etapa de vida?

Estas preguntas reciben poca importancia por parte de las personas, en muchas oportunidades, los alumnos pasan años en la entidad sin conocer quién es la persona que da nombre a la institución. Federico Brito Figueroa fue un insigne historiador venezolano, de la última mitad del siglo XX, profesor universitario, autor de valiosos trabajos sobre subdesarrollo e Historia Social. El conocimiento de la historia puede enriquecer significativamente la experiencia educativa de los estudiantes.

Reflexionando sobre la importancia del padrino de promoción, entendí que más allá de ser una invitación honorífica, representa una oportunidad única para inspirar y guiar el presente de estos futuros ahijados. Este pensamiento aviva mi compromiso con la educación.

Traspasando la puerta de ingreso, accedo a los pasillos familiarizados con el bullicio estudiantil, transitando hacia la Dirección de la institución. Nos acompañaban con entusiasmo parte del equipo docente. Llegamos al lugar de la reunión. Mientras que esperábamos el ingreso de los alumnos, aprecio que quedara corto el lugar para la cantidad de personas; el calor humano comienza a sentirse fuerte.

Organizándonos para iniciar la reunión, la señora directora de la institución expresa palabras de agradecimiento por una acción solidaria realizada el año anterior. Sorprendido por el gesto, escuché atentamente el motivo de tales expresiones de gratitud. Recordé entonces, el cuadrangular de voleibol organizado, y la rifa de la bicicleta, realizada en otra institución educativa, cuyos fondos fueron destinados para la recuperación de la salud de una querida profesora. 

Aquel acto de generosidad colectiva evocado en mi memoria hizo sentir que el destino, en una jugada inesperada, guió un encuentro significativo de recuerdos, mostrándome cómo las acciones solidarias pueden trascender el tiempo y espacio, tejiendo lazos indelebles entre personas con un propósito común. 

La conexión entre la competencia deportiva y el agradecimiento presente recordaba cómo un año atrás, el deporte y comunidad se unieron para apoyarla en un momento delicado relacionado con su salud. Aquella acción conjunta forjó un vínculo especial que hoy parecía manifestarse en este encuentro fortuito. Esta experiencia me lleva a creer en la magia de la solidaridad como fuerza transformadora. ¡Qué importante es sembrar semillas de bondad en cada paso que damos!

El encuentro con la directora representó un reencuentro con una figura clave en mi historia personal. La cadena de eventos que nos llevó hasta allí parecía estar tejida con hilos invisibles de empatía, recordándome que cada gesto altruista puede reverberar mucho más allá de lo que imaginamos. 

El peso y satisfacción del compromiso

La atmósfera cargada de emociones positivas impulsó a comprometerme aún más con mi rol como padrino, deseando dejar una huella significativa en aquellos jóvenes. Luego de escuchar con atención la hermosa anécdota compartida, la Dirección de la institución comenzó a llenarse gradualmente de personas. Entre los presentes se encontraban los representantes de la comunidad educativa y los futuros ahijados que esperaban con entusiasmo el inicio del conversatorio. 

Sin embargo, el intenso calor generado debido a la gran cantidad de asistentes, el sentir del calor humano y la escasez de sillas disponibles motivó la sugerencia de trasladar la reunión a otro ambiente más adecuado. Ya instalados bajo la sombra de un samán, tuve la oportunidad de interactuar con los estudiantes, escuchar sus sueños y aspiraciones. Cada historia alimentaba mi convicción sobre el poder transformador de la educación y la responsabilidad compartida de construir un futuro prometedor para estos jóvenes.

Bajo la imponente presencia de este árbol, la atmósfera de la reunión se transformó, brindando un ambiente propicio para el diálogo y la interacción entre los presentes. La elección de continuar el conversatorio al aire libre, arropados por la robusta presencia del árbol samán, respondía a una necesidad logística, que simbolizaba el retorno a las raíces naturales que conectan al ser humano con su entorno. La influencia benéfica del ambiente natural que nos rodeaba, el tono de la conversación adquirió profundidad, las palabras fluían con mayor empatía entre los presentes, creando un espacio propicio para compartir ideas y reflexiones.

Tuve el honor de dirigir unas palabras cargadas de motivación a los futuros ahijados, resalté la importancia del esfuerzo, perseverancia y pasión en el camino hacia el éxito personal. Observar miradas ilusionadas, rostros sonrientes reafirmó mi convicción; quedé gratamente impresionado por el espíritu de la comunidad.

Comenzado el conversatorio, inicialmente monólogo, se transformó en un espacio de interacción dinámica a medida que los ahijados, al comienzo silenciosos, comenzaron a participar activamente. Durante la sesión, se abordaron orientaciones para los representantes, metas y experiencias de vida que guiarán la visión hacia los estudios a cursar. 

El diálogo generó intercambio de preguntas, culminando con la entrega a cada ahijado de revistas que ilustran los diversos estados de Venezuela. Finalizado este enriquecedor encuentro, experimenté la gratificante recompensa recibiendo un gigantesco abrazo por parte de todos los graduandos, lo cual colmó de energía y emociones positivas a mi espíritu. 

Concluido el conversatorio bajo la benevolente presencia del árbol samán, sentimos una profunda gratitud por la experiencia compartida y las enseñanzas implícitas en este encuentro único. La combinación de historia, naturaleza e interacción humana creó un espacio donde los corazones se abrieron a nuevas posibilidades. El recuerdo de aquel día especial bajo el samán perdurará en nuestra memoria como símbolo de respeto por la naturaleza y búsqueda constante de espacios para el diálogo constructivo. La sombra protectora del árbol nos recordará que cada encuentro humano puede ser una oportunidad para sembrar semillas. 

Finalizada la fase de fotografías, encontramos a los representantes del grupo, quienes enfocaron diversos temas, y tras una decisión conjunta con la directora, gentilmente fuimos invitados a conocer las instalaciones. Durante el recorrido, constatamos algunas necesidades del lugar: deficiencias en los baños (especialmente el de las niñas), acondicionamiento de la cocina y escasez de agua, entre otros aspectos a mejorar. 

A pesar de las múltiples necesidades identificadas, resulta admirable el ánimo de los maestros que laboran en este complejo educativo, afrontando el intenso calor reinante; fue un gusto ver cómo desplegaron todos sus esfuerzos para mostrarnos su compromiso en la noble labor de educar a los niños y jóvenes de la comunidad. 

Esta actitud ejemplar resalta la importancia de la labor docente en la construcción del país. Finalizado el recorrido, las emociones y energía renovada por la experiencia vivida, dejó la reflexión sobre la cantidad de tareas pendientes y mejoras requeridas en este entorno educativo. 

Si leíste estas líneas, siente el llamado a la acción solidaria, recibe la invitación a sumarte a una causa valiosa, pues cada pequeño gesto es valioso en la vida de estos estudiantes y maestros. El calor humano experimentado durante la visita fue verdaderamente reconfortante, la hospitalidad demostrada por todos los presentes, a pesar de las incomodidades, dejaron huella imborrable en nuestros corazones. 

Espero con ansias poder volver a encontrarme con estas personas especiales que están construyendo puentes hacia el futuro a través del presente. Continuemos apoyando esta loable labor. Agradezco sinceramente la oportunidad brindada para ser testigo de esta hermosa muestra de compromiso con la educación. 


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