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Asfixia programada

Oscar González Ortiz

La gripe contrae los pulmones constituyéndose en acoso biológico; paralelamente, los precios de proteínas, productos básicos y medicamentos esenciales estrangulan la economía. Ambas presiones, viral y económica, confluyen en la misma sensación: imposibilidad de respirar con normalidad, este ahogo genera fatiga colectiva, dolor de cabeza social y mal humor comprensible por la impregnación de interacciones diarias. 

El oxígeno de soberanía humana, dificulta inhalar el aire circundante, ya que trasciende patologías virales cuando el pecho es oprimido por los costos de las carnes o fármacos contra la hipertensión. Esta asfixia compartida con los vecinos revela sintomatología colectiva, cuadro clínico de asedio donde el malestar individual es el pulso de resistencia popular. 

Históricamente, las naciones entendieron a través del Derecho Internacional que la democracia reside en la capacidad de gestionar el propio hogar; sin embargo, hoy observamos la mutación de la diplomacia hacia la administración de copropiedad forzada. Estructura externa erigida como junta de condominio extraterritorial, carente de legitimidad, pretende decidir sobre el inventario de la alacena y acceso al hogar de cada ciudadano. 

Es como si una junta de condominio externa de tu edificio, se arrogara la potestad de gestionar bienes, decidir sobre el acceso al hogar controlando las finanzas, todo ello sin tu consentimiento. Se configura así una suerte de junta de condominio extraterritorial, ente ajeno que decidirá quién entra al hogar y de qué manera se administrarán los recursos financieros de las familias que no los eligió. 

Este esquema de gestión, opera bajo crueldad programada; resulta revelador cómo el control monetario es transformado en arma de asedio financiero, utilizando el flujo del dólar para estrangular el aliento de las mayorías. Los centros asistenciales, privados de insumos por designios transfronterizos, son el escenario donde es confesado el daño colateral como estrategia de posicionamiento. 

La salud se convierte en variable de ajuste; la carestía de flujo monetario en argumento de control. La historia enseña que los pueblos logran sanar los pulmones cuando comprenden que la estabilidad cotidiana depende de la autonomía absoluta sobre sus recursos. El bienestar es un derecho inherente a la autodeterminación, fuerza que debe ser protegida de quienes, desde oficinas lejanas, pretenden racionar las esperanzas y posicionarse como futuros salvadores de la crisis que ellos mismos orquestaron. 

La verdadera recuperación comienza al desarticular esa tutela ilegítima, permitiendo que el aire vuelva a fluir libre para quienes verdaderamente habitan y construyen la patria desde el esfuerzo diario. La batalla ya no es por territorios geográficos, es por la soberanía del sustento cotidiano.

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