Estruendo del despojo
Oscar González Ortiz
La angustia que hoy recorre las venas de nuestra geografía nacional nace del eco lejano, ese llanto por seres humanos y niños de otros continentes ahora transmutado en el propio lamento frente al cielo encendido de cuatro estados venezolanos. Reflexionemos sobre la fragilidad de la soberanía cuando el subsuelo posee minerales codiciados por hegemonías imperiales.
El aprendizaje histórico está enseñando que el control del territorio suele disfrazarse de cruzada democrática contra el narcotráfico, no importando el secuestro de un mandatario, condenándolo en medios y redes sociales, sin derecho a demostrar presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario, transformando el Derecho Internacional en guión conveniente para el espectáculo mediático.
Cuando las tierras raras, litio, cobre o agua dulce de otro país suramericano sean el botín de guerra, los organismos e instituciones que defienden la democracia continuarán ensayando el silencio sepulcral, mirando hacia latitudes distintas mientras el estruendo de las bombas y misiles es consumido como contenido de entretenimiento en pantallas televisivas y redes sociales. Es hora de comenzar a preguntarse cuál será el próximo país: ¿Será suramericano, centroamericano o está al lado de ellos?
Da dolor observar a connacionales celebrando la destrucción de infraestructuras civiles-militares, antenas de comunicación, puertos, aeropuertos, viviendas, quedando sin luz ni comunicaciones, olvidando que las bombas no distinguieron filiaciones políticas al momento de segar vidas anónimas. El olor a destrucción, muertes, heridos, desespero en colas para vaciar estantes en lugares expendedores de alimentos, gigantescas colas para equipar combustible fueron realidades tangibles tras el gigantesco despliegue bélico.
Resulta esclarecedor que, tras la retórica de lucha por libertad y democracia, no importó otra materia, lo importante fue el cálculo frío sobre la repartición del petróleo, proximidad de empresas norteamericanas para manejar nuestras empresas petroleras, discurso sobre el tutelaje extranjero, acciones que revelan la intención de regresión colonial, donde el recurso energético deja de ser patrimonio del Estado venezolano para convertirse en moneda de pago de la propia agresión sufrida.
La verdadera libertad no puede nacer del secuestro del mandatario y de la justicia; surge, por el contrario, de la conciencia colectiva que comprende que ningún país es libre bajo el mandato de una gerencia externa interesada únicamente en el valor de cambio de sus minerales.
