Tin marin que arda la candela
Oscar González Ortiz
Tin marin que arda la candela, tin marin contra la humedad, siento un gran dolor en la conciencia con cada mensaje leído en las redes sociales para un bingo que financie medicamentos, cada rifa desesperada por tratamientos y los tantos sorteos que llenan de gritos el cardonal detrás de la neblina que enferma a niños como adultos mayores donde frecuentemente se encuentra la mano humana detrás del incendio provocado.
En la comunidad de Los Flores, durante este mes, se registraron gran cantidad de incendios provocados, convertidos en amenazas contra la salud con trayectoria kilométrica e impredecible. El horizonte es teñido de gris asfixiante mientras llamas devoran serranías, transformando el oxígeno en prácticamente veneno que recorre calles hasta filtrarse en las habitaciones y casas de los más vulnerables.
Esta bruma densa evoca el rostro de Aníbal, niño de apenas diez años cuya infancia permanece pausada desde hace dos semanas, en una cama del hospital Ranuare Balza, donde cada bocanada de aire representa una victoria costosa y precaria. La imagen de su padre, recorriendo farmacias con la urgencia grabada en la mirada, es el retrato vivo de la crisis ambiental que puede mutar rápidamente en tragedia para algunos seres humanos.
Detrás de cada incendio provocado existe una voluntad que desprecia la vida colectiva, ignorando que el humo no distingue clases sociales, aunque ensañe su rigor sobre quienes habitan bajo techos de cartón. En la actualidad, la salud es desplazada por un azar forzado, donde términos como rifa, sorteo o bingo son los nuevos nombres de la esperanza médica.
La quema de basura o incendios provocados, se traducen en pacientes con problemas respiratorios en salas de emergencia y familias buscando el azar para cubrir gastos médicos. Ya los bingos evocan la urgencia por acceder a la salud, plataformas digitales facilitan la organización de estos sorteos virtuales, donde la suerte determina quién puede completar un tratamiento.
El fuego fue se utiliza para erosionar el futuro de ancianos y niños que batallan en silencio, la quema indiscriminada es un acto de violencia contra el prójimo, debemos transformar la tristeza que suena en los techos de cartón en conciencia política, capaz de proteger la salud frente a la indolencia de quienes encienden el incendio sin medir las consecuencias, la verdadera conciencia nace al entender que el humo en la serranía y el niño en el hospital están conectados por el mismo hilo.
