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Vivir es asunto urgente

Oscar González Ortiz

La narrativa histórica suele ser el trofeo de quien sostiene la pluma, transformando los hechos en versión maleable que sirve a intereses particulares. No es un recuento imparcial de hechos pretéritos, es el relato articulado desde la mirada de quien lo narra. 

Nos situamos en fronteras temporales donde el pasado y futuro colisionan de forma caótica; observamos comportamientos que evocan la brutalidad de los dinosaurios, mientras secuelas invisibles de catástrofes como la de Chernóbil parecen fundirse con la modernidad tecnológica, sin conciencia, sembrando desiertos donde hubo vida.

La realidad geopolítica mutó drásticamente, las reglas de la guerra se desvanecieron, ya no existen, sustituidas por amenazas anunciadas con frialdad en determinada red social. Los ataques a soberanías, como la patria de Bolívar, secuestro de un Presidente en ejercicio, el despliegue de misiles hipersónicos e intercontinentales son muestras de violencia tecnificada; en estos escenarios aparece el “submarino del juicio final” que deja de ser leyenda convirtiéndose en recordatorio de la cercanía del fin.

Estos comportamientos legan una inquietante metáfora: el poder absoluto y la falta de previsión conducirán al ocaso del planeta Tierra. La humanidad enfrenta su propia extinción silenciosa, no por meteoritos, sino por la erosión de principios. 

Nos preguntamos: ¿El destino estará en la inmensidad de una estación aeroespacial internacional, colonias interestelares o en el retorno forzoso al mundo acuático, huyendo de la tierra que no reconoce límites? En la superficie se desatan tempestades de irracionalidad. 

Se activó el submarino del juicio final, la encrucijada global enfrenta las potencias del Este contra Oeste, están dictando el pulso, dejando al Sur en zonas de sombras y vulnerabilidad, observando desde la periferia que está convertida en tablero de ajedrez. 

La humanidad es rehén ante la posibilidad del vacío absoluto, donde no quede nadie a quien salvar. La supervivencia se transformará en imperativo ético, vivir será, por encima de cualquier ideología, un asunto urgente. Resulta inaceptable la naturalización de las violaciones sistemáticas del Derecho Internacional; cuando las normas se desvanecen, el planeta entero se transforma en territorio hostil. Ante este panorama, la reflexión se impone: si la historia la escriben los poderosos, quizás el fin del mundo no será estruendoso, sino el silencio de la complicVivir es asunto urgente.


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