Orbitemos hacia lo humano
Oscar González Ortiz
Miradas y pensamientos contemporáneos de gran cantidad de seres humanos se pierden con frecuencia en el polvo estelar del planeta Marte, buscando refugio en la aridez de otros posibles mundos, mientras el suelo que pisamos clama por presencia genuina al parecer de seres extraterrestres.
Recientemente activaron viajes para la luna, posiblemente podamos realizar turismo en ese satélite, como también existen proyectos para habitar el planeta rojo. ¡Cuántos recursos orientan para conquistar satélites y planetas distantes, cuando aquí mismo, en el planeta Tierra el verdadero viaje pendiente lo encontramos en la renovación profunda del pensamiento político y social!
¿Cuándo activarán viajes para despertar o renovar la mente en las comunidades? Una reseña histórica nos recuerda que los llaneros de José Antonio Páez no necesitaron naves interestelares para transformar su realidad; emplearon lanzas, caballos y organización. Parece que pocos seres recuerdan la importancia del “ser humano” y conceptos de humanidad.
En el corazón de las tierras llaneras, la urgencia no es despegar hacia el cosmos, está en aterrizar en la realidad donde la identidad y bienestar son fronteras por explorar. Comencemos por practicar humanidad: ayudar al prójimo, llevarle salud, apoyar a niños y personas especiales; traslademos consultas médicas a las comunidades para descongestionar emergencias de Centros de Salud; además, extraer muelas así sea en plazas públicas; cortemos cabellos bajo un samán, árbol ancestral de los llanos. Por otra parte, acerquen el SAIME y el INTT a las poblaciones: proporcionen identidad a tantos seres que necesitan formularios para mejorar su calidad de vida.
Las grandes transformaciones tienen que surgir del contacto directo con la necesidad del prójimo, lejos del burocratismo que asfixia esperanzas. Desmitificar la gestión pública para activar la conciencia ciudadana, donde cada ser humano posea el derecho fundamental de existir legalmente.
Propiciar el bienestar demanda voluntad que trascienda discursos de escritorio. El ejercicio del poder debe nutrirse del aroma de sopa compartida y sabor de arepa en la calle, escuchando los latidos del pueblo que requiere dispositivos auditivos para sentir el progreso, y consultas médicas cercanas para sanar heridas. Antes que colonizar otros planetas, colonicemos el sentido de humanidad, sustituyendo la frialdad de los extraterrestres por el calor de la acción concreta que dignifica la vida diaria de nuestra gente.
