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EL MÉTODO DE LA CUCHARA DE DALÍ PARA ACCEDER A LA CREATIVIDAD DEL SUBCONSCIENTE
POR: ALEJANDRO MARTÍNEZ GALLARDO - 02/02/2017
Salvador Dalí, un genio excesivo si los hay, es conocido por su imaginación prodigiosa, por borrar las fronteras entre lo onírico y lo real y subvertir el orden y la moral establecida. Su genialidad rayaba en el delirio, la ludopatía de la mente y la megalomanía, pero nadie puede negar que su capacidad visionaria es difícil de igualar.

Gran parte de este fértil caudal provenía de quitar los frenos a su mente y dejarla producir imágenes sin la censura analítica de la razón. Para esto empleaba algunas técnicas, la más señera es la que ha sido llamada simplemente de la "cuchara". Dalí había diseñado un sencillo sistema en el que sostenía una cuchara en su mano o la dejaba pegada a su pecho para que se cayera fácilmente sobre un plato cuando se quedaba dormido. El objetivo de esto era producir un sonido que lo despertara --uno imagina que de una forma un tanto armónica que le permitía retomar su ejercicio. Una vez que sucedía esto Dalí reanudaba su divagación y se dejaba ir por el flujo de su mente como un pescador en una balsa. Este sistema le permitía oscilar entre el sueño y la vigilia en un lánguido crepúsculo de imágenes que provenían de su mente subconsciente como peces submarinos que saltaban a la superficie.

Andrew Holecek, autor del libro Dream Yoga, que conjuga las tradiciones tibetanas del yoga de los sueños con investigación científica sobre sueños lúcidos, sugiere que Dalí creó una forma de "arte del bardo", es decir, arte de los planos intermedios, utilizando el poder del estado hipnagógico. Llama la atención la creatividad de Dalí de encontrar esta sencilla técnica para fomentar su propia creatividad, haciendo su propio bucle de retroalimentación. Como él mismo decía (según una cita atribuida): "No uso drogas, yo soy las drogas". Si algunos artistas utilizan sustancias para catalizar su proceso creativo, Dalí supo naturalmente que la mente contiene todas las cosas (incluyendo todas las drogas) y no es necesario utilizar intermediarios si se conoce la fuente; parafraseando al poeta Haroldo de Campos, tomó la mezcalina de sí mismo. Algo similar hizo Jung en la etapa de su Libro Rojo.

El estado hipnagógico es una fase que se considera "presueño" en la cual las ondas cerebrales pasan de beta a alpha (la palabra hipnagógico significa "aquello que lleva al sueño"). En esta fase se suelen presentar pequeñas alucinaciones, sensaciones de "caerse" y la disolución de la frontera entre afuera o adentro e incluso entre el yo y el mundo. Es por ello que es tan interesante cultivar este estado como un surtidor de visiones e incluso para la investigación de la naturaleza de la mente, haciendo una forma de meditación.

El método de de Dalí de minar su propia mente utilizando el estado  hipnagógico tiene cierto paralelo con la meditación budista de tomar la mente como objeto o sendero, si bien en ese caso lo que se busca no es la creatividad. Esta meditación entra generalmente dentro de lo que se conoce como shamatha, concentración y pacificación, aunque también bordea con el vipashyana, la meditación analítica en tanto que se pueden hacer investigaciones puntuales sobre la naturaleza de la mente. El método en este caso difiere del mero estado hipnagógico ya que no busca caer en la laxitud (ni excitación), pero sí toma todos los pensamientos, conceptos, imágenes, memorias y demás contenido mental surge como objetos de la atención sin aferrarse a ninguno, simplemente observándolos como quien mira una película proyectada en una pantalla. Aunque el fin no es la creatividad, el solo desapego (no identificación) y la distancia que se crea entre el flujo mental y la conciencia de dicho flujo permite acceder a una dimensión generalmente velada de la mente; se hace consciente lo subconsciente --algo muy importante en términos de la psicología de Carl Jung. Esto se hace de forma que el contenido que yacía subconsciente pierde su poder, ya que uno deja de identificarse con dicho contenido, el cual operaba desde la sombra, influyendo en nuestra conducta. Como dice el maestro de meditación Alan Wallace, tomando de Dudjom Lingpa, este surgimiento de la masa psíquica de las profundidades de la mente a la superficie, cuando no reaccionemos o nos aferremos a eso que surge, es un espacio de sanación y liberación del equipaje kármico que llevamos a todos lados.

En este sentido podemos hacer una última conexión, ya que la creatividad, que en Dalí, emblemáticamente surrealista, tiene su fuente en ese estado que subyace a la realidad de la vigilia, es altamente sanadora. El proceso creativo sana justamente concentrando la mente y liberando energía de la profundidad de la psique. La creatividad limpia y da significado al directamente vincularnos con el mundo de las formas. La meditación también sana concentrando la mente y articulando en el silencio un proceso de limpieza de la miasma que llevamos dentro por innumerables ciclos.

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